Ya veremos…

11 abril, 2011

Juana la Loca, la Cautiva de Tordesillas

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Soy la soberana de Borgoña, también de esta tierra y de Castilla,
pero también quiero ser tu mujer , tu hembra y tu puta.

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Tal día como hoy murió Juana de Trastamara, Reina de Castilla, de Aragon, de Granada y de Navarra, hija segunda de los Reyes Católicos y bajo cuya corona se hizo realidad el sueño de unificación de sus padres. Madre de seis hijos, todos asentados en tronos reinantes, dos de ellos emperadores. 

Y al final, como mejor la conocemos, es como Juana la Loca. La que acompañaba por los páramos el féretro de su marido, la que vivió 47 años recluida en Tordesillas, prisionera de los suyos, de su padre, de su hijo… La que vivió mucho sin vivir nada, porque nada dejaron en sus manos, salvo el poder de enamorarse.

Hace cosa de un año leí «Juana la Loca, La cautiva de Tordesillas«, de Fernández Álvarez. Y hoy, que me levanté con ansias de hablar de amor pero sin decisión para ponerme a ello, al ver que es aniversario de la Reina enamorada, me acordé del libro y pensé en recomendároslo.

Hay que reconocer que puestos a estudiar historia, Juana I es una de las figuras más atractivas, con ese melodrama de amor y locura a rastras (o no tanta locura, tal vez). Y este libro seguramente una de las mejores recomendaciones, ya que el rigor histórico y las citas frecuentes a documentos y textos de referencia, comparten en él espacio con un ágil relato de la dramática historia de la reina. De tal manera que al tiempo que consigues una imagen política y social de la época y de los acontecimientos que fueron deviniendo durante la larga vida de Juana, te permite disfrutar de un relato ameno y emocionarte con las desgracias de una mujer sola y vulnerable, abandonada entre sus cuatro muros y sus penas, incomprendida y víctima de las grandezas políticas. Ni novela rosa, ni coñazo histórico, ambas cosas bien mezcladas. Me gustó mucho su lectura, y como suele pasar con las novelas históricas cuando están bien hechas, me permitió enlazar figuras y acontecimientos que aprendí de cría como lecciones aisladas y que aisladas seguían, sin saber bien dónde ubicarlas, quién es quién en el tapiz histórico, qué pasó antes, qué después… Por ejemplo, siendo castellana, no acababa yo de tener ubicados a los Comuneros en relación con la época de los Reyes Católicos y sus herederos, ni tenía idea de que Juana fuera su candidata al trono y que su negativa a tomar las riendas del trono firmando la sanción contra su hijo echó al traste el levantamiento. Con los años, eso de poder dar sentido a las puntadas sueltas en mi memoria de todo lo que aprendí va siendo, cada vez más, una fuente de placer. Me gusta rescatar lo que «conozco» o «medio sé» y pasar comprenderlo.

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¡Loca porque te quiero hasta la locura!
¡Loca porque quiero que seas mío!
¡Loca porque no quiero que busques en otras lo que yo se darte y me sobra!
¡Loca porque aspiro a engendrar y parir tus hijos, loca, loca de amor !…

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Las citas no son del libro, si no de los diálogos de la película de Vicente Aranda. Me encanta la primera, esa reinvindicación de la mujer enamorada más allá de las cuestiones de estado. Otra buena recomendación para hoy.

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