Ya veremos…

13 noviembre, 2009

Apostatar, ¿o meterte en política?

La ¿Santa? Iglesia
 
Los católicos no pueden apoyar el proyecto de ley del aborto, ni darle su voto, y, si lo hacen, «están objetivamente en pecado público y no pueden ser admitidos en la sagrada comunión»
 
 (Juan Antonio Martínez Camino,
obispo auxiliar de Madrid y secretario de la Conferencia Episcopal Española)
 
 
 
Vaya, como le hagamos caso (que es lo que deberíamos hacer) y dejásemos de acudir a la misa y comunión todos los que estamos en pecado objetivo, se quedan solos…: a parte de los políticos que voten a favor del aborto, ni del matrimonio homosexual, ni de la educación para la ciudadania, ni de no me acuerdo ahora mismo qué más cosas no pueden votar,… tampoco deberíamos ir a comulgar cualquiera que estemos manteniendo relaciones prematrimoniales, o extramatrimoniales, o viviendo arrejuntados, ni divorciados, ni quienes tengan relaciones homosexuales sin abstinencia, ni quienes usemos preservativos o anticonceptivos, ni quienes eduquemos a nuestros menores en la necesidad de usarlos y les guiemos hacia una sexualidad libre y responsable, ni quienes lean el horóscopo o gusten de una tarde de tarot, ni quienes se suiciden. Bueno, estos no comulgan de todas formas, claro… Pero no se les puede enterrar en campo santo, lo cual me parece bastante crueldad para con las familias, como si no tuvieran bastante, vaya consuelo les da su iglesia.
 
Pero no contento con recordar a los políticos que quedan exentos de la comunión, – que al fin y al cabo tampoco me parece del todo mal: son sus normas y es su casa, pues vale, el que quiera aceptarlas que las cumpla y el que no que pase de ellas y de ellos-, ha recordado que si votan en contra de la doctrina de la Iglesia en esta cuestión sobre el derecho a la vida (osea que también será si se vota por la eutanasia y los metodos anticonceptivos, supongo), pende sobre ellos la  excomunión.
 
¿Se pondrán ahora a excomulgar a diestro y siniestro? Van a tener trabajo… Aunque en realidad ya lo dudo, porque cuantos más fieles consten en el censo, aunque sean poco fieles, más peso a la hora de recibir pedacitos del pastel y esas cosas. Y así nos tienen a todos apuntaditos en sus listas, aprovechando la costumbre de las familias españolas de celebrar los nacimientos con el bautismo, aunque luego no vuelvas a llevar al niño a misa hasta que toque la comunión (con su vesitdo supermegafashion, una play-station y regalos mil). El caso es engrosar unas listas de las que ninguna ley de protección de datos te apea por mucho que te empeñes,
 
¿Pensabais que sacarse una ingieneria en telecomunicaciones es difícil?
Probad a apostatar.
 
Igual habría que ir planteándose meterse a político, a ver si así …
 

 
 
Personalmente me gusta la respuesta de José Bono, que dice que es cristiano pero de los que siguen a Cristo, no a Martínez Camino
 
 

 

………………..
 
Y aunque sea demagogia demasiado trillada y facilona, no puedo evitarlo…:
 
 
El estado debe proteger siempre el derecho a la vida
y no puede ponerse por «encima del ser humano»
Son «herejes» aquellos católicos que, «en contra de la fe divina»,
defiendan que «quitar la vida a un ser humano,
aun en determinados casos, es legítimo»
 (Juan Antonio Martínez Camino).
 
En el año 2008 fueron ejecutadas al menos 2.390 personas en 25 países,
y al menos 8.864 personas fueron condenadas a muerte en 52 países.
Éstas son sólo cifras mínimas; las reales son sin duda más elevadas.
Un alarmante número de ejecuciones se llevó a cabo tras procesos en los que se utilizaron confesiones obtenidas mediante tortura.
(Amnistía Internacional)
 
 
Si bien en la última corrección del Catecismo se omite la frase en la que se decía que la pena de muerte podría admitirse «en caso de no existir otra posibilidad», y se limita a sostener que el gobierno ha de buscar los medios más adecuados para castigar a los criminales, en lo que pretende ser una aproximación progresiva hacia la condena, a día de hoy la Iglesia Católica sigue sin condenar incondicionalmente la pena de muerte y deja abierto un margen de ambigüedad a criterio de los gobiernos.