Ya veremos…

31 octubre, 2010

Esto es Halloween, esto es Halloween…

 

¡¡ Bienvenidos a la fiesta más mediática !! (¿o esa es la Navidad? ¿¿¿o San Valentín???).

Hace un par de años nos disfrazamos toda la familia, -pa vernos…- y hasta aprendí que las calabazas no vienen rellenas de calabaza, sino que están huecas. Este año el peque no está con nosotros, le toca con su madre… y aún no sé si nos disfrazaremos o no. Seguramente nos venza la pereza y bastante será con preparar los caramelos por si vienen niños. Que vendrán. Con 90 nacionalidades empadronadas en este pueblo, no es de extrañar que hoy vibre halloween y mañana llenemos los cementerios, hay tiempo y espacio para todo. Y halloween, aunque no sea una fiesta propia de nuestra tradición, no deja de tener su encanto… ummm… Creo que si, según escribo van entrándome ganitas… Rescataré el sombrero de bruja y me lo pondré aunque sólo sea para comer palomitas y ver películas de esqueletos, fantasmas y seres de ultratumba.

 

En todo caso, Pesadilla Antes de Navidad y La Novia Cadaver son buenas sugerencias para esta velada. Y si tenéis ocasión, un librito de poemas de Tim Burton del que ya antes he hablado en este blog (hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…) «La melancólica muerte del Chico Ostra«, lleno de personajes trágicamente poéticos, muy hallowinescos, que sin duda salieron del mismo rincón que Jack Squeleton. A mi me encanta la historia de la niña vudú, que no puede abrazar a nadie porque les clava alfileres en el corazón… O la del niño momia, muy adecuado para estas fechas. Pero esos no los tengo disponibles para compartir en blog.

Y como no renuncio a ponerle un toque más nacional, y no encontré poesía de calabazas, brujas y demás de factura hispana (salvo algunas muy ñoñas de Gloria Fuertes), os propongo una pasadita de regreso al romanticismo, que además de versos para adolescentes – ¡viva Becquer!- también tiene mucha oscuridad, puro gore del siglo XIX: Espronceda y su desesperación (muy gore, muy gore). Seguiré buscando… igual sobre la santa compaña y el dia de difuntos, que nos tocan más de cerca, si encuentro algún clásico para mañana (o contemporáneo, no hay que ser snob).

¡Disfrutad HALLOWEEN!

Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los alquilones
horrísonos bramar;
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y solo las centellas
la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio..
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me gusta ver la bomba
caer mansa del cielo
inmóvil en el suelo
sin mecha al parecer;
y luego embravecida
que estalle y que se agite
y en rayos mil vomite
la muerte por doquier.

Que el trueno me despierte
con su ronco estampido.
y al mundo adormecido
lo haga estremecer;
rayos a cada instante
danzando en el sin cuento,
y hundirse el firmamento
me agradaría ver.

La llama de un incendio
que corra devorando,
escombros apilando,
deseo yo encender;
tostarse allí un anciano
volverse todo tea,
y oír como vocea…
¡Qué gusto! ¡Que placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
sin pájaros que canten,
y sin sol que la alumbre,
y solo vislumbre
la muerte derredor.

Allá en sombrío monte,
solar desmantelado
me place en sumo agrado
la luna reflejar;
moverse las veletas
un áspero chirrido,
igual al alarido
que anuncia el expirar

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
le haga padecer;
les abran las entrañas
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre a cumbre llega
y llena de pavor,
se lleva los ganados
y las vides, sin pausa,
y estragos miles causa…
¡Que gusto! ¡Que placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar,
y en sus bocas lascivas
un beso cada trago
con voluptuoso halago
gozosos estampar…

…Quisiera ver al uno
que arrastra un intestino
y al otro pedir vino
muriendo en un rincón;
y otros, ya borrachos
en trino desusado
cantar al dios vendado
impúdica canción

Y mientras, las queridas,
tendidas en los lechos
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello…
¡Que gozo! ¡Que ilusión!