Ya veremos…

9 enero, 2011

Viejos viejos tiempos…

Filed under: Y digo yo...,Yo, mi, me, conmigo — Chus @ 17:40
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Tal dia como ayer, en 1935, nació Elvis Aaron Presley con el objetivo vital de decorar mis carpetas adolescentes.

Aquella carpeta probablemente haya sido una de las pocas cosas en las que me haya molestado en dedicar tiempo para volcar parte de mi. Nunca fui especialmente dada a las decoraciones, pero era la etapa, según he oído hace poco en un documental, de mayor potencial y creatividad. En esos años todo está por venir, las cosas más improbables pueden ser la realidad inmediata y todo es posible. Incluso que yo decore una carpeta.

Mi carpeta incluía varias fotos de James Dean y de Elvis Presley, algún poema minimalista de construcción propia (nada de copia-pegas en verso ni becqueres trillados), y un par de comentarios que tenía en especial estima porque habían sido escritos por amigos, alguno tan ebrio que jamás conseguimos descifrar del todo qué decía. En la solapa interior guardaba mis secretos un dragón (¡viva la Dragonlance!). Y sus otros dos tesoros era un dibujo de un eakwook a página completa, no porque me interesara especialmente el bicho en si, si no porque fue una cosa a medias con mi hermano Raúl, y La Senda del Tiempo, que ocupaba dos páginas enteras entre la canción y el dibujo de la portada de los Celtas Cortos (la del celta a caballo), canción que siempre siempre me suena a Cantarranas y me evoca mil melancolías.

Y mi Elvis. Su rostro dibujado en tinta en blanco y negro a partir de una foto del libro de inglés. Qué bien me salieron todos los dibujos en aquella carpeta…

Era una época de potencialidades. Dibujaba, pintaba, escribía, inventaba canciones a la guitarra, viajaba, soñaba, bebía tequila y Jack Daniels, bailaba rock and roll y estaba segura de que algún día, sin saber bien cómo, tendría mi futuro, mi profesión deslumbrante, y mi vida hecha. Luego un dia te miras al espejo y descubres que sin que te dieras cuenta la vida pasó y estás a punto de entrar en tierra de nadie, flanqueando menopausias ya no tan lejanas, y que no tienes nada de todo aquello que imaginaste entre las manos.

Salvo el amor. Pero eso vino de extra y por sorpresa, era demasiado mia para ser demasiado romántica. Todo lo demás… ¿dónde quedó?