Ya veremos…

10 diciembre, 2010

Al final, opiné sobre el lío de los controladores

 

Ha pasado el paréntesis de estos días, en otros tiempos conocidos como “puente de la Constitución”. Hoy en día, como para mi todos los días son festivos, no hay mucha diferencia entre un puente y dos miércoles cualquieras, salvo que no hay paseito mañanero y que cuesta más aparcar por overbooking de puenteros. Ni siquiera la presencia en casa del medio limón sirve de marcapáginas en este calendario, porque él también anda a días vacacionando a destiempo por falta de faena, y otras veces, como este puente, le toca currar los festivos (y se curra, claro, faltaría plus). Así que lo dicho… igual da puente que miércoles.

En lo que si se nota, es en la manía de las cadenas televisivas de fastidiar a quienes no nos vamos de vacaciones. Bones, House, Mentalista… todos repes. Claro que, peor que el que te fastidien la programación televisiva cuando te quedas, es que te fastidien cuando sí te vas y te pases el puente ansiando pegarle fuego a un controlador errante.

 

Total, que este puente tuve amigos en casa, (como venían por carretera y no en avión, llegaron a su tiempo), así que como consecuencia del incremento de vida social, no hubo ocasión de desfogar aquí mis opiniones sobre todas las cosas importantes que acontecieron estos días, que fueron unas cuantas. Básicamente, un puente de manipulaciones varias, esa es la sensación que tengo. Los controladores, los decretazos, la wikileaks,… Y de por medio, la fiesta de la Constitución, que se nos pasa sin pena ni gloria con el cariño que la tengo.

 

A falta de comentarios en el puente, voy a comentar ahora por encima las cosillas que nos tuvieron pegados a los telediarios:

 

A mi, españolita de a pie medianamente crédula y mediánamente incrédula, que medio busca información, medio se traga lo de la tele, medio escucha a unos y otros y medio muerde bajo impulsos viscerales… lo que me parece es que el gobierno presionó oportunamente y prendió mecha en una hoguera que sabían ya preparada, y aprovechó para sacar pecho y decir “así mandamos”. Y los controladores entraron al trapo en la provocación y la liaron parda; lío pardo que de todas formas ya tenían preparado de antemano. Aquí improvisar no ha improvisado ni dios. Salvo los que improvisaron la peregrina idea de volar esos días.

 

No me parecen mal los recortes, lo siento mucho por los controladores, no  me siento nada afín a sus cuitas. No me cabe en la cabeza que unos señores, sean los que sean, cobren la burrada que cobraban, tan por encima de sus iguales en otros países más prósperos y con mejores medias salariales que el nuestro. Ni que se tomen por rutina y em masa la licencia de faltar a las horas laborales y acudir en extras, que son más caras. Ni muchas otras cosas que no vienen a cuento.

 

Lamento mucho no compartir su creencia de que el mundo gira alrededor de su ombligo, ni la imagen de seres superiores insustituibles que se han creado gracias a la falta de escuelas de formación abiertas al vulgo: son técnicos, sólo eso, no neurocirujanos ni ingenieros de la NASA. No son gentes con unas capacidades extraordinarias, de esas que se cuentan en el planeta con los dedos de la mano, sólo son técnicos con una formación especializada de 18 meses, vamos, como cualquier ciclo formativo de grado superior, no llega la cosa ni a las extintas diplomaturas, que ya eran al menos de tres cursos. Tengo entendido que se exigía en principio tener tres años de carrera para entrar a la escuela de controladores, pero igual daba que fueran tres años de ciencias exactas que de filología en lenguas muertas, así que no le encuentro mucho sentido salvo, si acaso, el de poner más trabas al acceso. Y según me pareció entender al controlador guapito ese que sale en la tele (al que aborrezco visceralmente, no sé por qué, porque tampoco me hizo nada a mi el hombre para tenerle tanta manía, debe ser algo que emana de su cabellera glaumurosa), ahora ya no hacen falta esos tres años, sólo disponer de los 40.000 lerus que cuesta el curso. Y tener la suerte de que a AENA le de por abrir algún siglo de estos un curso y te escojan de alumno, claro. Pero vamos… Que parados diplomados y licenciados hay a patadas y 18 meses pasan volando, que se ponga el estado a formar gente y verás tú qué pronto se acaban las tonterías.

 

Y lo de las vidas que tienen en sus manos, también las tienen muchos otros profesionales, como los conductores del metro, como bien leí hace poco en otro blog. No es la única profesión de alta responsabilidad, ni la única de interés social sujeta a disponibilidad en caso de necesidad (que se lo digan a polcías y fuerzas del orden, bomberos, sanitarios…). No hay nada en ellos que les otorgue ese carácter sobrehumano que esperan que reconozcamos premiándoles contra viento y marea por encima de todos los demás. Si no pueden con el estrés, que dejen el puesto, como tienen que hacer quienes ocupan otras profesiones estresantes. Código ético del intérprete: si no puedes con el servicio, renuncia.

 

Conclusión, que me importa tres pepinos que el gobierno les haya presionado, y que premeditadamente sacara el decretazo en fechas tan oportunas, sospechando que la iban a montar en grande. También fue muy oportuno el decretazo de Aznar que les otorgaba 600.000 lerus de sueldo y ese les pareció divino de la muerte. El caso es que por mucha razón que tuvieran para protestar (con o sin nuestra simpatía), no tenían ningún derecho a hacerlo así, porque los derechos de uno se defienden como dios manda, sin joder los de los demás. Al menos sin joderlos más de lo justo y necesario, que las huelgas siempre joden, pero nos aguantamos. No se paraliza el espacio aéreo de un país, ni se chantajea a toda una la nación, ni se amenaza en plena tormenta con repetir la jugada en navidades, que yo pensaba ir a casa en avión como el turrón (pero no hay vuelos, asi no me los joden los controladores). Yo en estos días no dejé de imaginarme algún (varios, seguro) pequeño empresario que aguantó con el agua al cuello, empeñando los recursos familiares por mantener a flote el negocio, una agencia de viajes, una pequeña hostelería en Tenerife… con la esperanza de salvar el mes gracias al puente… y zas, controladorazo en la boca.

 

Tampoco consigo ver el tremendo drama que supone lo de enviar al ejército. Decisión que, a propósito, aunque ahora sólo apoya según las encuestas un 30% de la población, en el momento del follón era aclamada por inmensa mayoría. Y linchamiento popular, aclamaban en ese momento muchos de esos mismos a los que dos días después les ofende lo verde.

 

Por supuesto, a la hora de celebrar nuestra Constitución, me gusta mucho más la imagen de la gente haciendo cola ante el Palacio de Congresos y el presidente del Congreso recibiendo a los ciudadanos en persona, la invitación a caldito o chocolate y visita al edificio y hemiciclo… Mucho mejor esa imagen que la de las unidades de emergencia aparcando en los aeropuertos y los militares visitando controladores notificación en mano, dónde va a parar. Pero qué se le va a hacer, para mi el ejército es una herramienta más del estado de derecho, al servicio del gobierno. Democrático, claro, gobierno democrático. Osea, al servicio del pueblo y de su Constitución. Y me parece que evitar que 500 individuos nos secuestren a todos por sus santos cojones es bastante afín a sus funciones, que no estarán sólo para desfiles y misiones en el extranjero.

 

En fin… Que seguro que el gobierno les ha pinchado, no digo yo que no. Pero hacer descender a un colectivo como ese desde los privilegios aznarianos hasta el común suelo de los mortales, tiene que costar de narices, no me extraña que se hayan buscado las vueltas para hacerles saltar y contar con la ocasión de emplear mano dura. Y ya que son tan inteligentes e insustituibles, podían haber usado un poquito más esa inteligencia sobrehumana y no entrar al trapo. Aunque sigo pensando que su problema no es de inteligencia, si no de respeto: se la refanfilamos todos los demás. Sólo había que leer aquel “me importan tres cojones vuestros putos puentes y vuestras putas vacaciones”. Y nuestra puta crisis, nuestro puto sector turismo y nuestras putas vidas.

 

Así que… por mi, a la puta calle. Que cuando a uno no le gusta su trabajo, lo que tiene que hacer es buscarse otro. Que se lo digan a los intérpretes de lengua de signos, anda que no tragan mierda ni nada, mientras intentan gotita a gotita mejorar su situación colectiva por las vias legales disponibles… hasta que al final deciden irse a hacer otra cosa, la mayoría. Pero claro, no pueden paralizar el país para demandar que se les trate como personas, se les pague puntualmente su mierdecilla de sueldo, se les respete la continuidad y la promoción en el puesto laboral, se les considere trabajadores asalariados técnicos especialistas, y no basurillas bajo la bota de directivos sordos con complejo de caciques… Y tantas y tantas otras profesiones, cada una con sus más y sus menos, pero con muchos más menos que más mases en comparación, eso fijo.

 

Temo que al final no pasará nada, y todo quedará en un gran pulso de poder, en plan “advertencia para navegantes”. Pero ojalá de veras caigan cabezas, se les despida en masa como nos hubieran despedido a los demás en nuestros trabajos, y se les exija la responsabilidad por todos los daños ocasionados. Que ya somos mayorcitos para sumir la responsabilidad de lo que hacemos, nos pinchen o no.

  

Oño… yo que quería sólo repasar el puente por encima… Pues del wikileaks, ya hablamos en otro rato.

 

P.D.: Hoy es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Al menos, que lo mencionemos.

 

19 noviembre, 2010

El Principito vuelve al desierto

Filed under: Cosas del dia a dia — Chus @ 17:54
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El Principito es uno de mis… no sé si decir libros o cuentos, favoritos.

Hace muchos años, cuando buscaba cómo escapar de un cole en el que siempre fui la tonta que lo suspendía todo, la gorda que llegaba la última en deporte, la vaga que no hacía nunca los deberes, la rara que escondía su fantasía en novelas dentro y fuera de clase (si, leía -y escribía- a escondidas también en clase), la huraña que se ofreció a ser ayudante de la bibliotecaria por no salir al recreo (y de paso pillar más libros), la que no encajaba, ni ganas tenía… vi una obra de teatro interpretada por los alumnos de un cole de mi barrio, que ¡albricias! empezaba en septimo de EGB. Hice grandes esfuerzos por entrar ahí para mi septimo, pero descubrí que esa extrañeza se debía a que estaba emparentado con otro centro que acababa en sexto, supongo que por cuestión de espacios, y todas las plazas estaban asignadas por promoción del uno al otro. Mirando atrás, no lo lamento, aunque entonces sí me fastidió. Dejé el cole como todos, después de terminar octavo (en mi caso, después de repetirlo y arrastrarlo hasta septiembre por segunda vez; Qué largo fue despegarse de aquellas aulas… no parecía acabarse nunca), y empecé BUP en un centro público que no tenía nada que ver con el de la obra de teatro, donde descubrí muchas cosas. Experimenté por primera vez lo que era un sobresaliente y aprobarlo todo a la primera, jugar al futbol y al baloncesto con sol o con lluvia y pasarlo en grande haciéndolo (aunque lo hiciera fatal), salir de cervezas al Portu (¡descubrí los submarinos!: cachi de cerveza con su chupito de licor sumergido), escapar con los compas de clase al parque cuando nevaba, ir con una amiga a conciertos de piano y con otras a fumar e intercambiar cintas grabadas de la radio… Qué grande, el instituto. Un chin-chin por el IES Delicias de Valladolid, mi gran despertar.

Todo esto, que no tenía intención de contar, vino de rebote porque la obra de teatro aquella que contaba era, precisamente, El Principito.

Más tarde, ya adulta, me lo autorregalé unos Reyes porque me vino en gana, y es uno de los pocos libros que me acompañaron en la maleta cuando me vine a vivir al Mediterráneo.

Hoy estuve buscando algo… Alguna noticia intrascendente y pequeñita de esas que apetece conocer (ya sabéis, sin crisis, pederastas, campañas electorales…). Y me he encontrado esta que quiero compartir con vosotros:

 

El ejército español ha repartido ejemplares de El Principito traducidos al  dari, un dialecto del farsí hablado en Afganistán.

 

Resulta que Fuencisla Lozano, aficionada a coleccionar Principitos en todas las lenguas, se enteró casualmente de que un afgano tradujo y editó el libro hace años, pero no se vendió ni un ejemplar y tuvo que almacenar las cajas en su casa, hasta que un incendio acabó con el proyecto. Así que pidió a sus amigos que de regalo de cumpleaños la ayudaran a financiar una edición de El Pricipito en dari… y dicho y hecho, cual hormiguitas juntaron euros y editaron 5000 ejemplares. Por último pensó en pedir ayuda a nuestro ejército para la distribución, y la ministra Chacón aceptó el encargo.

Y ya puestos… ¡¡igual montamos un colegio!! Empleará mujeres, educará niños y niñas en la igualdad y tendrá por segunda lengua el español (lengua de analfabetos pobres, mira, muy apropiada para los chavalillos que acojerá). Y seguro que en sus aulas se lee El Principito.

 

«Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.»

 

Aquí podéis leer la noticia original (hoy no van los hipervínculos, qué le vamos a hacer):

http://www.elpais.com/articulo/espana/Principito/taliban/elpepiesp/20101119elpepinac_17/Tes