Ya veremos…

21 junio, 2010

Adios SARAMAGO

Filed under: Cosas del dia a dia,Grandes frases — Chus @ 8:17
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Cosas del dia a dia
 
“Sólo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes”
 
De día en día, se suceden las despedidas de algunos de los grandes referentes que formaban parte de nuestra vida, recordándonos que no somos ya aquellas personas que se morían en los exámenes finales de la Universidad, amontonando libros en la cafetería y siempre hasta el cuello de trabajos obligatorios y voluntarios (es que estudiar no sé, pero participar, participabamos en todo). Pues no… una ya roza los cuarenta (¡afú!) aunque se empeñe en sentirse igual que entonces -salvo por el detalle de que antes llegaba mucho mejor para pintarse las uñas de los pies y no le apuraban las hipotecas- y los GRANDES que ya lo eran cuando subimos a este barco y aprendimos sus nombres, van terminando sus viajes y dejándonos a solas con el nuestro. Habrá que tomar una nueva ola, porque a este paso no me van a quedar autores conocidos para seguir sus estrenos, y aún rozando los cuarenta me quedan muchos libros por leer si dios quiere (ahí está la abuela Teo, 98 años y tan divina… a poco que herede de ella me quedan generaciones de literatos por descubrir).
 
Hoy le toca a SARAMAGO y aunque apenas tengo tiempo para asomar por aqui y pensar en despedirme, un pequeño adios si que le dejaremos. La verdad es que he descubierto que mucha gente en mi entorno no sabe quién es Saramago, pero lo entiendo, tampoco escribía para todos. De sus libros ya he comentado anteriormente que alguno me encantó y otros me decepcionaron. Lamento decir que su obra final “El Viaje del Elefante”, que en prensa definen como una maravilla de la literatura y el humor, a mi me aburrió mortalmente, pero en fin… para gustos los colores. Por otro lado recomendaré hasta la saciedad a todo el que quiera escucharme que se lea la “Ensayo Sobre la Ceguera”, a ser posible, antes de ver la película, y que se deje estremecer por esa novela cruel y directa que al final no deja de ser un canto de esperanza entre tanta oscuridad y sordidez. Y si acaso, también el título con el que yo descubrí a Saramago en una librería de esas junto a la playa, donde los turistas nos abastecemos de lectura para las horas de pereza al sol: “El Evangelio Según Jesucristo”.
 
Y recordar un viejo comentario de nuevo: “La Balsa de Piedra”, que reeditó recientemente en colaboración con editoriales, papeleras, fábricas de tinta, transportistas… para que los beneficios íntegros fueran para Haiti.
 
Yo ahora me despido con este pequeño y maravilloso cuento, narrado por el propio Saramago.
 
   
 
 
Y aquí, su blog oficial (en Español). http://www.josesaramago.org/index.php?lan=es
 
 
“Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos,
sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”
 
 
 
 
 
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1 junio, 2010

CAPERUCITA Y EL LOBO MACHISTA, del Reverte

 
Fantareales cuentosias
 
CAPERUCITA Y EL LOBO MACHISTA, del Reverte
 
En la penilla de hacer tanto tiempo que no piso por estos lares, que ya hasta me huele a desierto el blog cuando asomo, y hasta he visto un par de cosas de esas que pasan dando vueltas entre el polvo en todas las pelis del oeste… pues pensé en poner un comentario sobre eso de que “en los coles de España miles de niñas son violadas todos los dias y educadas para asumirlo como algo normal” (Juan Manuel de Prada, Intereconomia -dónde si no van a soltar tales barbaridades con salero y alegría-).
 
Pero entre medias, como soy multitarea y por un lado exploro webs y por otro abro el blog y por otro leo el correo y por otro echo el ojo a SIGNApuntes… pues por uno de esos lados, me encontré con este relatito de Perez Reverte, que una de las bugambitas de paspasdigamelón me ha enviado por email. Me ha recordado la estupidez esa de la ministra de igualdad proponiendo prohibir los cuentos infantiles tradicionales por machistas (todo tiene su lugar y su momento, y hay formas mejores de educar que censurando los clásicos). También me ha recordado un poco una conversación de esta mañana, en la que una compa y yo meditábamos sobre si poner educador, educadora, educad@r, educador/a, educadores y educadoras… Y es que esto de la igualdad de género y el lenguaje no sexista a veces acaba revertiendo en lenguaje idiota. Que será muy paritario, pero a mi lo de los vascos y vascas y los miembros y miembras del senado no me convence, ¿qué hay con el principio de economía del lenguaje? Eso no suena nada económico, no hay fluidez, es artificial… no mola. Y la lengua tiene que molar.
 
Igual es que es más sencillo que todo eso, y lo que hay que hacer es pensar menos en las concordancias de género y ACTUAR de forma igualitaria. Que seguro que tras una vida de buen ejemplo, a ninguna niña se le ocurre arrastrar su vida a la sombra de la de ningún príncipe azul, por muchos cuentos de hadas que le hayan leido sus mayores (que seguro que además, los disfrutó un montón fueran o no sexistas -además, que hay muchos, oiga, tambien se puede tirar de la diversidad, ir alternando, leer de todo y solucionado-)
 
Bueno, pues eso… a punto de salir pitando para mi última clase de valenciano (el dissabte la segona prova, la primera no fue mal del todo, ya veremos esta…) os dejo aquí este cachito de Reverte, y el link a su web oficial. ¡Que lo disfrutéis! A mi me ha gustado.
 
 
 

CAPERUCITA Y EL LOBO MACHISTA. Pérez Reverte

 

Hoy me he levantado con talante. Como después de haber publicado El pequeño hoplita –le tomé el gusto a la narrativa infantil, he decidido echar un cable.

 

 Ayudar a que nuestra ministra de Igualdad y Paridad, Bibiana Aído, rubia joya de la corona, haga realidad su bonito proyecto de conseguir que los cuentos tradicionales para pequeños cabroncetes sean desterrados de escuelas y hogares, y dejen de ser un reducto machista, sexista y antifeminista.

 

 O que, expurgados y reconvertidos a lo social y políticamente correcto, contribuyan, ellos también, a la formación de futuras generaciones de ciudadanos y ciudadanas ejemplares y ejemplaras. Como está mandado.

 


Al principio pensaba hacerlo con el cuento de Blancanieves y las siete personas de crecimiento inadecuado; que, como sostiene Bibiana, requiere, título aparte, una remodelación general urgente.

 

 Pero ciertos indicios de intolerable violencia machista en la casita del bosque, como que sea una mujer quien cargue con todas las labores del hogar, o que no haya paridad de sexos en el número de individuos que trabajan en la mina –su número impar complica además el asunto–, me decidieron a dejarlo para más adelante.

 

 

Lo intenté luego con La soldadita de plomo y ploma; y no es por echarme flores, pero lo tenía casi resuelto. Una soldadita de plomo de la ULFF –Unidad Legionaria Femenina Feroz–, terror de los talibanes afganos y de los piratas del Índico, impedida en su extremidad locomotriz por haber caído poco metal en el molde cuando la fundían. O sea, incompleta física de una pierna, para entendernos. O no. Lo que antes se decía, en jerga fascista, coja. Y que, desde su repisa en el cuarto de juegos de una niña, se enamora de un bailarín de ballet de papel maché que está enfrente, puesto tal que así, de puntillas, y que tiene una bonita lentejuela de plata en el prepucio.

 

 

 Se lo leí a mi hija por teléfono, a ver qué tal iba la cosa; pero al llegar a lo de la lentejuela me aconsejó dejarlo. Te van a malinterpretar, dijo. Así que al final me decidí por un clásico inobjetable: Caperucita Roja. Y está feo que lo diga, pero la verdad es que lo he bordado. Creo.

 


Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo.

 

 Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis.

 

 

El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj.

 

 

Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista.

 

 

Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta.

 

 

Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia –dice– contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.

 
 
 
 

13 abril, 2010

El secreter

 

 

Ocurrió que en el desván de mi abuela se hizo limpieza de enseres. Fue triste perder los baules llenos de novelas de Corín Tellado y trajes antiguos, pero lo peor fue la ausencia del secreter de los mil cajones, con sus escondites y dobles fondos, en los que yo guardaba mis sueños cada verano.

Pasé años preguntándome por él, sin saber si habría ido a parar a manos de algún familiar o si habría acabado hecho astillas en cualquier basurero. Supongo que no fui tan discreta como yo creía en mis indagaciones, porque un buen día una prima llamó a mi puerta y me entregó, así como quien no quiere la cosa, la silla de mimbre de la “abuela vieja”.  Guardé el mueble, con los recuerdos de la bisabuela, mujer diminuta y discreta, y un cierto olor a la hierba buena que aquella misma prima solía llevarle cada día. Ese fue el pistoletazo de partida. A partir de entonces una lenta invasión de trastos desparejados fue tomando posesión de mi casa. Nadie hablaba de las cosas que me traían, parecía haber un pacto de secretismo tácito en la familia con este tema. Y en igual silencio a veces miraban con deseo alguno de los trastos y esperaban que yo se lo regalara discretamente. 

No sé cómo, me convertí en la guardiana de este trasiego de añoranzas familiares en forma de muebles. Nadie trajo nunca mi secreter… pero no pierdo la esperanza.  

 

23 octubre, 2009

La Cenicienta Que No Quería Comer Perdices

Hoy os dejo un regalito, un cuento maravilloso de una cenicienta que vuelve a ser feliz el día que descubre que los principes no te salvan, dice basta a los zapatos de cristal y las perdices y se reencuentra a si misma.
Podéis leerlo en el siguiente link. Os lo recomiendo: es una preciosidad.

2 octubre, 2008

Explosion de vida

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 18:07
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Abrió el bote de las nueces y varias polillas emprendieron el vuelo desde su interior. Algunas quedaron dentro aleteando indecisas, pequeñitas y grises como cenizas con alas. Por supuesto, aquella noche la ensalada no llevó nueces.

Al día siguiente aún se tropezaba vuelos descoloridos frente a la cara mientras trajinaba en la cocina, aunque no está claro si serían los mismos insectos, tal vez los últimos rezagados en el desalojo de su nido de nueces, quizás algunos espabilados que se fugaron de la bolsa de basura de la noche anterior, o los que saltaron los primeros al abrirse el bote y se lanzaron a esconderse en los rincones de la cocina… o si es que esta explosión de vida estaba invadiendo otros rinconcitos de su hogar además de los tapper de frutos secos.

Llenó por si acaso armarios y cajones con pastillas antipolillas, no fuera a ser que las cenizas aladas andasen detrás de las palabras de sus libros o las costuras de los pijamas, y a falta de nueces acabaran mordisqueándole los sueños a la familia. Y al día siguiente, al salir del piso, dejaron de guardia una nube de insecticida que limpió de alas grises el espacio antes de su vuelta, amen de acabar con dos mosquitos, incontables ácaros y una pequeña araña que había empezado a tejer tras el cobijo del routter. Aunque ellos no supieron nada de estas bajas colaterales, sólo notaron que ya no había revoloteos grises en la cocina ni en ninguna otra parte aquel día a la hora de la cena.

Aunque para ser sinceros, por desagradable que sea pensar en esos bichos entre la comida, su repentino despliegue desde el bote de nueces, alzando aquel vuelo trémulo entre sus manos, la dejó más sorprendida que asqueada. Hasta tenía cierta gracia casi poética…

Lo peor fue descubrir aquel otro bichito un par de noches después, en otro tapper… Como si el más lucido y hermoso de los fideos hubiera cobrado vida, el bichito braceaba, -si tuvieran brazos los gusanos- en el encogido resto de fideos sobrantes de la temporada anterior, de antes de que el calor aparcara las sopas hasta noches más frías.

Hay quien dice que más fresco es cualquier gusano vivo que el trozo de pescado muerto que compras al pescadero, y que al fin y al cabo no son más que proteínas… Pero tiró los fideos, la sopa maravilla, la harina, el pan rallado y todo cuanto encontró abierto en los regazos despenseros de su cocina.

Aún así, por debajo de la aprensión que le provocaban los insectos, le rondaba inquieta y soterrada la duda. ¿De dónde habría surgido esa explosión de vida súbita en su hogar?

Pensó si hervir con detergente las albóndigas o darle anticonceptivos a la cocina.

Al final se ha hecho con un gorrión. Con la cesta de las cebollas le ha hecho un nido y lo tiene allí, en lo alto del frigorífico, para que se meriende a los ocupas.

 

   

P.D. Y es que yo, para proteínas, prefiero los filetes, y los gusanos los dejamos para el improbable día que tenga que ejercitar técnicas de supervivencia en montaña, y sólo bajo la premisa de que no sea posible de ninguna de las maneras hacerme en ese caso con un bote de fabada “la asturiana”.