Ya veremos…

1 octubre, 2012

La cuestión catalana…

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Ahora los catalanes dicen que quieren ser país…

Bueno no, no son todos los catalanes, si bien son muchos. Pero muchos, muchos… no sabemos cuántos porque para eso habría que hacer una consulta y claro… Y tampoco lo dicen ahora, lo vienen diciendo de lejos. ¿Qué ha pasado entonces para que de repente la cosa se ponga al borde del abismo de la ruptura unilateral?

Es un tema muy complicado… Y opinar en esto es meterse en camisa de once varas, sin duda me queda grande. Pero voy a ser valiente y me voy a mojar (que MEV nos pille confesaos…). Espero que me leáis con benevolencia y no ofenda a nadie demasiado.

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Yo, personal e intransferiblemente, en mi subjetividad y criterio individual y sin que tenga más peso que eso mismo, no estoy a favor de las rupturas ni los nacionalismos, así en general.

Los nacionalismos, hay que matizar, me parecen estupendos como seña de identidad, orgullo de las raices propias, sentimiento de pertenencia… Eso de ser “ciudadano del mundo” es muy chachi, pero todos sentimos un especial afecto por la tierra de nuestros padres, nuestro valle, nuestra comunidad autónoma, nuestra historia, nuestro país… incluso nuestro continente, cuando salimos de él de repente somos más europeos que nunca. Yo siento una extraña querencia por los comuneros, cosa inexplicable dado que perdieron y no parece muy cuerdo andar celebrando derrotas, pero qué se le va a hacer… son un símbolo de mi tierra. Todos somos en mayor o menor medida nacionalistas. Aunque deberíamos ser capaces de tener siempre presente que esta “patria” nos ha tocado en suerte por casualidad, porque nacimos aquí en vez de en el Congo Belga, igual que podría perfectamente habernos tocado otra, y que entonces nuestra perspectiva y nuestras fidelidades serían otras. Nacionalismo sí… pero con templanza y sentido común. Y crítico. Porque el peligro de los nacionalismos, esa otra lectura del nacionalismo que no me gusta, es precisamente el riesgo de que la pasión nos nuble en sentido crítico.

Hablo de los nacionalismos encrespados que, sobre todo desde el punto de vista político, me parecen muy sospechosos y oportunistas en la mayoría de sus expresiones. El problema es, básicamente, que por desgracia creo muchísimo más en la capacidad manipuladora de los políticos en general que en la capacidad del ciudadano para filtrar y protegerse de esas manipulaciones. Y el nacionalismo… toca la fibra más profunda de mucha gente, se lo pone muy fácil. Creo que en general son una marea que aprovecha sentimientos populares para la manipulación de las masas, persiguiendo intereses no muy claros, ni tan masivos.

No hablo de Cataluña, quede claro. Me da igual el nacionalismo que amenaza con la escisión y la ruptura que el nacionalismo que proclama la unidad santa de la patria. Me parece, así sin entrar en análisis profundos, que los nacionalismos radicales son a la política como los fundamentalismos a la religión. Renuevan energías en las crisis, y siempre basan gran parte de su poder de convocatoria en culpabilizar “al otro”. Al inmigrante, al independentista, al centralista,… Tiran siempre de las entrañas de gente preocupada y aprovechan su miedo y su rabia para exaltarla al calor de alguna bandera. Ahí tenemos el ejemplo de cómo el mismo político que era abucheado y acosado con manifestaciones contra los recortes  un día, de repente es recibido dos días después como un Cid Campeador a la catalana al volver de plantar cara a Rajoy (para quien la independencia será un grano en el culo… pero mira, no viene mal tener un «enemigo de la patria» para hacer ruido y despistar ahora que sacamos los presupuestos del estado).

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A parte de esa desconfianza que los grandes movimientos políticos me suscitan cuando ondean banderas con oportunismo y gallardía, tampoco me parece una opción inteligente.

Igual es que la que no es inteligente soy yo, y me equivoco. Bien pudiera ser, no tengo una especial formación en economía internacional. Pero ya que he dicho que voy a dar mi opinión, mi opinión es esa: a mi me da la sensación de que este mundo en el que vivimos tiende hacia una globalización cada vez mayor, y que en nuestro ámbito en concreto la cosa va hacia una Unión Europea más común, con más leyes básicas compartidas, una unificación de criterios de legislación, de hacienda, de empleo, de educación… y menos capacidad de determinación de los gobiernos nacionales. Dividirse en más cachitos me parece ir contra corriente. No tengo muy claro que eso de “estaríamos mejor sin España” que con los recortes y apreturas puede movilizar a muchos, sea cierto. Y no es por defender la unidad de la patria, de veras que es que no lo veo claro.

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En cuanto a argumentaciones históricas, ahí mejor no toco. En estos casos, como en todos los que tratan deudas históricas de cualquier tipo, siempre me queda la duda de hasta dónde hay que remontarse para que una reclamación tenga validez ante los ojos de todo el mundo. Y tampoco me parece tan trascendente lo que un pueblo fue, como lo que un pueblo quiere ser. Otra cosa es cómo medimos realmente “lo que un pueblo quiere ser”. ¿Cuánta población se considera “el pueblo”? Siempre va a haber gente que no esté conforme y también sea parte de ese pueblo, ¿qué mayoría habría que considerar? ¿y qué índice de participación? ¿Y qué pasa si hay a su vez territorios dentro de ese pueblo en los que la gente en común y mayoritariamente, por su cuenta, deciden que no quieren pertenecer a unos sino a otros? ¿tienen ellos también derecho a decidir, o en su caso toca aguantarse? Y una vez más insisto: no lo digo por defender la unidad patria, ni por quitar razones a nadie… Lo digo porque una decisión así yo creo que debe contar no con el respaldo mayoritario, sino con el respaldo real de la INMENSA MAYORÍA de la población. Porque de haber grupos disconformes significativos, una vez conseguido el objetivo de la soberanía la cosa puede convertirse en un infierno de tensiones internas. Como dice Tomás, «hi ha que que fer les coses molt ben fetes».

Lo que alegan algunos de que una decisión así, que no afecta sólo a Cataluña sino a todo el país, debería votarlo toda España me parece una perogrullada. Por esa regla de tres nunca ningún pueblo cambiaría su situación hacia una independencia, la unidad de la que dependa siempre sería mayoritaria y evitaría en las urnas esa separación.

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Dicho lo cual, y una vez provocada probablemente cierta urticaria en los lectores nacionalistas, en particular en los catalanes que pasen por aquí, paso al otro lado de la moneda:

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No me parece que las naciones se puedan coser con sables. Ningún pueblo debería ser obligado a permanecer en una unidad que no desea. Creo que así la cosa al final estalla, inevitablemente.

Y también pienso que si bien es muy razonable y democrático eso de exigir al nacionalista que amenaza con dejar el tablero del juego, que se ataña a la legalidad y utilice los cauces legales que el estado de derecho ofrece… a veces la experiencia nos enseña que ese argumento acaba siendo un laberinto sin salida. Uno puede pensar, y yo diría que con  bastante razón, que por los cauces democráticos jamás me dejarás ni siquiera hacer una consulta, y si me muevo sin tu autorización resulta que me salgo de la ley. Si no existe un diálogo y un sincero interés en intentar encontrar vías de convivencia y de resolución del conflicto, incluso aunque eso tenga que tender de verdad hacia una independencia, estado federal, o lo que sea, no deja de ser una perversión de la democracia y una especie de secuestro en masa.

Dicen que este no es momento para fiestas independentistas. A mi me parece que (a parte de un pelín ofensivo), resulta enormemente cierto: no está el horno para bollos, y mejor nos iría remando todos juntos en la misma dirección. Pero también me parece un argumento perverso. Porque claro, ¿cuándo es momento? Igual los nacionalistas sienten que ni cuando hay paz ni cuando hay guerra -económica en este caso- , nunca es su momento. Y además, quienes reclaman eso de «remar todos en la misma dirección» no parecen dar mucho ejemplo de remar en dirección alguna.

Aquí iría bien esta viñetita, del blog de Montsellado 

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En fin… que la cosa es muy complicada.

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No hay duda de que existe mucha gente que se siente de su tierra pero no española, o que no quiere ser española “así” (habría que explorar si existe otro modo). Es un hecho, y hay que afrontarlo.

Pero vuelvo a lo que ya dije: el peligro de los nacionalismos es que la pasión nos nuble en sentido crítico. Y me da miedo que en este momento tan complicado los políticos de uno y otro lado, que me parecen todos igual de mezquinos y falsos, enerven nuestro nacionalismo y, más allá de lo que nos conviene, nos arrastren a defender SUS intereses, encendidos con la idea de defender la unidad de la patria unos y la soberanía de una nación independiente otros. Y nosotros como borregos iremos a mordernos la yugular, como si no fuéramos igualmente recortados y maltratados en una y otra lengua, no nos atizaran igual la guardia civil que los mossos de escuadra, ni fueran quienes nos azuzan de ambos bandos los únicos que se llenan los bolsillos con nuestras miserias, mientras ocultan sus trasiegos y desmanes haciendo que atendamos “al enemigo”, en vez de a otras cosas.

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Creo que las decisiones importantes hay que tomarlas con la cabeza fría, no en plena histeria de una crisis económica terriblemente hiriente y traumática. Esto vale lo mismo para una crisis doméstica que para votar si uno quiere tener un estado soberano independiente.

Pero también creo que esas decisiones importantes hay que tomarlas, no negarlas eternamente. Que esto no es un capricho de otoño recién llegado. Y que de aquellas aguas vienen estos lodos.

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10 diciembre, 2010

Al final, opiné sobre el lío de los controladores

 

Ha pasado el paréntesis de estos días, en otros tiempos conocidos como “puente de la Constitución”. Hoy en día, como para mi todos los días son festivos, no hay mucha diferencia entre un puente y dos miércoles cualquieras, salvo que no hay paseito mañanero y que cuesta más aparcar por overbooking de puenteros. Ni siquiera la presencia en casa del medio limón sirve de marcapáginas en este calendario, porque él también anda a días vacacionando a destiempo por falta de faena, y otras veces, como este puente, le toca currar los festivos (y se curra, claro, faltaría plus). Así que lo dicho… igual da puente que miércoles.

En lo que si se nota, es en la manía de las cadenas televisivas de fastidiar a quienes no nos vamos de vacaciones. Bones, House, Mentalista… todos repes. Claro que, peor que el que te fastidien la programación televisiva cuando te quedas, es que te fastidien cuando sí te vas y te pases el puente ansiando pegarle fuego a un controlador errante.

 

Total, que este puente tuve amigos en casa, (como venían por carretera y no en avión, llegaron a su tiempo), así que como consecuencia del incremento de vida social, no hubo ocasión de desfogar aquí mis opiniones sobre todas las cosas importantes que acontecieron estos días, que fueron unas cuantas. Básicamente, un puente de manipulaciones varias, esa es la sensación que tengo. Los controladores, los decretazos, la wikileaks,… Y de por medio, la fiesta de la Constitución, que se nos pasa sin pena ni gloria con el cariño que la tengo.

 

A falta de comentarios en el puente, voy a comentar ahora por encima las cosillas que nos tuvieron pegados a los telediarios:

 

A mi, españolita de a pie medianamente crédula y mediánamente incrédula, que medio busca información, medio se traga lo de la tele, medio escucha a unos y otros y medio muerde bajo impulsos viscerales… lo que me parece es que el gobierno presionó oportunamente y prendió mecha en una hoguera que sabían ya preparada, y aprovechó para sacar pecho y decir “así mandamos”. Y los controladores entraron al trapo en la provocación y la liaron parda; lío pardo que de todas formas ya tenían preparado de antemano. Aquí improvisar no ha improvisado ni dios. Salvo los que improvisaron la peregrina idea de volar esos días.

 

No me parecen mal los recortes, lo siento mucho por los controladores, no  me siento nada afín a sus cuitas. No me cabe en la cabeza que unos señores, sean los que sean, cobren la burrada que cobraban, tan por encima de sus iguales en otros países más prósperos y con mejores medias salariales que el nuestro. Ni que se tomen por rutina y em masa la licencia de faltar a las horas laborales y acudir en extras, que son más caras. Ni muchas otras cosas que no vienen a cuento.

 

Lamento mucho no compartir su creencia de que el mundo gira alrededor de su ombligo, ni la imagen de seres superiores insustituibles que se han creado gracias a la falta de escuelas de formación abiertas al vulgo: son técnicos, sólo eso, no neurocirujanos ni ingenieros de la NASA. No son gentes con unas capacidades extraordinarias, de esas que se cuentan en el planeta con los dedos de la mano, sólo son técnicos con una formación especializada de 18 meses, vamos, como cualquier ciclo formativo de grado superior, no llega la cosa ni a las extintas diplomaturas, que ya eran al menos de tres cursos. Tengo entendido que se exigía en principio tener tres años de carrera para entrar a la escuela de controladores, pero igual daba que fueran tres años de ciencias exactas que de filología en lenguas muertas, así que no le encuentro mucho sentido salvo, si acaso, el de poner más trabas al acceso. Y según me pareció entender al controlador guapito ese que sale en la tele (al que aborrezco visceralmente, no sé por qué, porque tampoco me hizo nada a mi el hombre para tenerle tanta manía, debe ser algo que emana de su cabellera glaumurosa), ahora ya no hacen falta esos tres años, sólo disponer de los 40.000 lerus que cuesta el curso. Y tener la suerte de que a AENA le de por abrir algún siglo de estos un curso y te escojan de alumno, claro. Pero vamos… Que parados diplomados y licenciados hay a patadas y 18 meses pasan volando, que se ponga el estado a formar gente y verás tú qué pronto se acaban las tonterías.

 

Y lo de las vidas que tienen en sus manos, también las tienen muchos otros profesionales, como los conductores del metro, como bien leí hace poco en otro blog. No es la única profesión de alta responsabilidad, ni la única de interés social sujeta a disponibilidad en caso de necesidad (que se lo digan a polcías y fuerzas del orden, bomberos, sanitarios…). No hay nada en ellos que les otorgue ese carácter sobrehumano que esperan que reconozcamos premiándoles contra viento y marea por encima de todos los demás. Si no pueden con el estrés, que dejen el puesto, como tienen que hacer quienes ocupan otras profesiones estresantes. Código ético del intérprete: si no puedes con el servicio, renuncia.

 

Conclusión, que me importa tres pepinos que el gobierno les haya presionado, y que premeditadamente sacara el decretazo en fechas tan oportunas, sospechando que la iban a montar en grande. También fue muy oportuno el decretazo de Aznar que les otorgaba 600.000 lerus de sueldo y ese les pareció divino de la muerte. El caso es que por mucha razón que tuvieran para protestar (con o sin nuestra simpatía), no tenían ningún derecho a hacerlo así, porque los derechos de uno se defienden como dios manda, sin joder los de los demás. Al menos sin joderlos más de lo justo y necesario, que las huelgas siempre joden, pero nos aguantamos. No se paraliza el espacio aéreo de un país, ni se chantajea a toda una la nación, ni se amenaza en plena tormenta con repetir la jugada en navidades, que yo pensaba ir a casa en avión como el turrón (pero no hay vuelos, asi no me los joden los controladores). Yo en estos días no dejé de imaginarme algún (varios, seguro) pequeño empresario que aguantó con el agua al cuello, empeñando los recursos familiares por mantener a flote el negocio, una agencia de viajes, una pequeña hostelería en Tenerife… con la esperanza de salvar el mes gracias al puente… y zas, controladorazo en la boca.

 

Tampoco consigo ver el tremendo drama que supone lo de enviar al ejército. Decisión que, a propósito, aunque ahora sólo apoya según las encuestas un 30% de la población, en el momento del follón era aclamada por inmensa mayoría. Y linchamiento popular, aclamaban en ese momento muchos de esos mismos a los que dos días después les ofende lo verde.

 

Por supuesto, a la hora de celebrar nuestra Constitución, me gusta mucho más la imagen de la gente haciendo cola ante el Palacio de Congresos y el presidente del Congreso recibiendo a los ciudadanos en persona, la invitación a caldito o chocolate y visita al edificio y hemiciclo… Mucho mejor esa imagen que la de las unidades de emergencia aparcando en los aeropuertos y los militares visitando controladores notificación en mano, dónde va a parar. Pero qué se le va a hacer, para mi el ejército es una herramienta más del estado de derecho, al servicio del gobierno. Democrático, claro, gobierno democrático. Osea, al servicio del pueblo y de su Constitución. Y me parece que evitar que 500 individuos nos secuestren a todos por sus santos cojones es bastante afín a sus funciones, que no estarán sólo para desfiles y misiones en el extranjero.

 

En fin… Que seguro que el gobierno les ha pinchado, no digo yo que no. Pero hacer descender a un colectivo como ese desde los privilegios aznarianos hasta el común suelo de los mortales, tiene que costar de narices, no me extraña que se hayan buscado las vueltas para hacerles saltar y contar con la ocasión de emplear mano dura. Y ya que son tan inteligentes e insustituibles, podían haber usado un poquito más esa inteligencia sobrehumana y no entrar al trapo. Aunque sigo pensando que su problema no es de inteligencia, si no de respeto: se la refanfilamos todos los demás. Sólo había que leer aquel “me importan tres cojones vuestros putos puentes y vuestras putas vacaciones”. Y nuestra puta crisis, nuestro puto sector turismo y nuestras putas vidas.

 

Así que… por mi, a la puta calle. Que cuando a uno no le gusta su trabajo, lo que tiene que hacer es buscarse otro. Que se lo digan a los intérpretes de lengua de signos, anda que no tragan mierda ni nada, mientras intentan gotita a gotita mejorar su situación colectiva por las vias legales disponibles… hasta que al final deciden irse a hacer otra cosa, la mayoría. Pero claro, no pueden paralizar el país para demandar que se les trate como personas, se les pague puntualmente su mierdecilla de sueldo, se les respete la continuidad y la promoción en el puesto laboral, se les considere trabajadores asalariados técnicos especialistas, y no basurillas bajo la bota de directivos sordos con complejo de caciques… Y tantas y tantas otras profesiones, cada una con sus más y sus menos, pero con muchos más menos que más mases en comparación, eso fijo.

 

Temo que al final no pasará nada, y todo quedará en un gran pulso de poder, en plan “advertencia para navegantes”. Pero ojalá de veras caigan cabezas, se les despida en masa como nos hubieran despedido a los demás en nuestros trabajos, y se les exija la responsabilidad por todos los daños ocasionados. Que ya somos mayorcitos para sumir la responsabilidad de lo que hacemos, nos pinchen o no.

  

Oño… yo que quería sólo repasar el puente por encima… Pues del wikileaks, ya hablamos en otro rato.

 

P.D.: Hoy es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Al menos, que lo mencionemos.