Ya veremos…

6 febrero, 2008

La tierra de mis veranos

Filed under: Fantareales cuentosias,Yo, mi, me, conmigo — Chus @ 23:10
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trigo

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Yo fui abuelo en esta tierra. Se me quemaron los ojos de mirar cómo doraba el trigo, y cómo se humillaba la cebada cuando el grano era bueno. Mis nietos se llenaban de felices arañazos las piernas, buscando impacientes entre los despojos del cereal segado las pelotas que se escapaban más allá del frontón. Me buscaban para la faena, porque yo sabía cosechar mejor que ellos, aunque fuera pelotas de tenis. Yo les enseñé a tallar tirachinas y a no meterse en el agujero de la gloria cuando el fuego estaba prendido.  Mi mujer, cuando era moza y aún no era mi mujer, cruzaba estas tierras a galope, montando a pelo un macho castaño, para llevar a los hombres el almuerzo al campo. Tenía las manos blancas y hacía flanes para mi y montañas de croquetas para los nietos. Los flanes con el tiempo se volvieron poco finos y lucían agujeros, porque el nieto no quería que se le quitaran las claras y menguara el flan, pero seguían siendo buenos. Aquí no había playa para los nietos, y el río poco a poco fue perdiendo el agua y dejó de haber pozas y sitios de baño, pero sí podían hundir de críos los pies en el grano cuando llenábamos las paneras, y llenarse de polvo de trigo y picores en esa marea de semillas. Y había también una manguera para remojarlos las tardes de verano en el patio, y aspersores en los campos en los que se duchaban en sus correrías sin apearse de las bicicletas.

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Yo fui padre en esta tierra. Mis hijas se pusieron bigudíes en el pelo para la comunión y aquella noche no durmieron por no despeinarse. Oíamos la radio por las tardes mientras ellas cosían y yo reparaba aperos. Yo era juez, y la única bombilla de la calle estaba en mi fachada.

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En verano la casa se llenaba de visitas, ahora los vascos, ahora los catalanes… pero eso fue más tarde, cuando los nietos eran niños, y cuando ya fueron mayores. Cuando ya no se arreglaban aperos, ni había machos ni mulas en la cuadra, ni pollos en la casa durante el invierno. Para entonces la cuadra ya era cochera, y las cochineras del patio un chiscón con chimenea para comer todos juntos cuando el tiempo no nos dejaba sacar las mesas al patio, a la sombra de la parra y de la higuera. La higuera la han quitado, porque después de faltar yo creció mucho y ahogaba el patio. Y ahora que  no está la abuela, los rosales no se cuidan, pero siguen echando rosas, no como las tiendas, reventonas y con tijeretas, pero que huelen a rosa.

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Mi mujer nació en Bilbao. La hija mayor se fue a Barcelona con su marido, aunque nos mandaba a los nietos todos los veranos. La otra se quedó más cerca y cuidó nuestras vejeces, y ahora son sus hijos los que se van a la costa a hacer sus vidas. Yo nací en el Valle y en él viví toda la vida. Allí sigo, bajo la tierra arcillosa del cementerio, haciendo fuegos fatuos para fascinar en verano a los chiquillos por las noches.

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Me gustaba más el pueblo de adobe, con su tacto reseco y terroso. Allí la sombra era fresca y el invierno terrible, aunque nos las apañábamos y vivíamos bien. Ahora las casas son más cómodas, pero me gustaban más antes, con sus muros gruesos como brazos ásperos, eran más como mi tierra.

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No ha cambiado el pueblo ni nada… Hasta tiene una señal de tráfico y página web.

Pero a mí me gustaba más antes.

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Y a mí, abuelo, a mí también.

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No envidio en mi niño que a sus nueve años ya haya ido al Disney de Orlando varias veces, a esquiar todos los años, que haga las vacaciones de parque temático en parque temático y tenga bonos de temporada para pasear por capricho cuando guste por esos sitios que, cuando yo era niña, y siendo yo tal vez privilegiada al compararme como muchos otros, eran el super lujo de las vacaciones. ¡Y no todos los años!, que a Terra Mítica fui con mi ahijada ya prendida al útero de su madre (si lo llegamos a saber, anda que se iba a subir ella a la cosa esa de la caída libre). Sus Play Station 1 y 2, su GameBoy, su Wii, sus ordenadores… No le envidio, no.

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Añoro para él mis cosas de niña, y eso que yo el pueblo lo viví sin vivirlo del todo, como todas las cosas, que pasas por encima sin darte cuenta que un día lo echarás de menos.

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Lamento que él no pueda vivir los veranos salvajes y gitanos, calle y campo de sol a sol y parte de la noche, meter los pies en el trigo y las manos en el barro de los charcos, ser caterva junto con un montón de hermanos y primos, inventar, soñar, buscar estrellas fugaces y luciérnagas por la noche, contar murciélagos, hacer ruido, no estar solo en tus aventuras, pelearte pero poco, jugar a juegos viejos y dificultosamente simples, trepar y caerte, aprender a patinar y caerte, aprender a montar en bici y caerte… y que se caigan otros cuantos a tu alrededor para comprobar que ni eres tú solo el torpe ni se acaba el mundo. Huir del perro de siempre, lanzarte sin tocar los pedales callejón abajo a ciegas ¡y  no matarte!, despertarte con balidos, balancearte entre el asco y la euforia en la matanza, cazar moscas, y más moscas, y más moscas… y luego ahogarlas a todas. Temer a las abejas de la plaza, saltar balones, buscar lagartijas, disparar perdigones, matar pájaros por exceso de cariño, beber del pilón, irte de merienda a los ignotos parajes de la casa del monte o la torre de Mazariegos, comer chorizos de la olla, hacer polos con casera, ¡beber tang!, jugar a tierra blanca por medio pueblo, ya muy oscurecido…

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casadelmonte

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Pobre niño solo, con tantas cosas y tan pocos cómplices. Pobre niño sin tropa ni pueblo.

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Y pobre tonta esta adulta apalancada, que no supo ser sabia y aprovechar mejor aquellos tiempos. ¡Eso si eran veranos!

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25 enero, 2008

… Y tú

Filed under: Fantareales cuentosias,Yo, mi, me, conmigo — Chus @ 22:56

Fantarreales cuentosías

Hoy he aprendido una cibermodernonovedad, aprovechando que mi jefe no estaba y consultando a San Google desde su pc: cómo alojar archivos pdf y de cualquier tipo de cualquier capacidad para que se pueda acceder a ellos linkando su dirección desde cualquier sitio. Lo cual es estupendo para poder compartir archivos de más de un mega en mi otra casita, SIGNApuntes, que es el límite que impone msn en sus grupos.

Os pondría un ejemplo, pero no sé yo si os va a interesar mucho así de repente una tesis sobre la sordoceguera o un informe sobre trastornos musculo-esqueléticos, o sobre ayudas técnicas…

Además, qué caray, si os interesa os vais a SIGNApuntes.

Aunque tampoco sé por qué hablo en tercera persona del plural. Sé que tengo un puñadito de visitas diarias, seguramente de gente que me ha visto paseando por sus pasillos… pero escribo para mi y por capricho, sobraría este plural de ponente en la tarima. Tal vez escribo para el imaginario público de mis otros yo, esos que fui y que seré mñana, al otro lado de la esquina de la vida, cuando mire atrás y relea… mmm… nop, creo que no se pueden releer los blogs años después. Me da a mi que desaparecen antes o después, y que no pueden ser rescatados por amigas que los guarden durante años para devolvertelos cuando ya ni te acuerdas de ellos.

Y bueno, también escribo a veces para Tí, sabiendo que nunca lees mi blog…

Así que ignoremos el por qué de este número verbal y sigamos pluralizando.

Decía, que después de tanto avance tecnológico y actualización mediática, me apetece rescatar otro pedacito del pasado. Así que allá va un viejo texto, segunda parte de «El Alma Que Me Desnudas» (no sé aún linkar la frase con su site, así que el que quiera, que lo busque en fantarreales cuentosías pasadas), cuando aquel amigo profundo que me desnudaba el alma (el alma, eh… bueno, y otras cosas alguna vez, pero lo más importante es que me desnudaba el alma con mirarme y que sin amarnos nunca nos quisimos mucho), entró en barrena y en su vacío no se le ocurrió otro consuelo que empezar a coquetear con el lado oscuro.

Esto se escribió sin teclas ni pantallas, cuando las pages eran de papel y la tinta manchaba los dedos y se corría con las lágrimas. Y me gusta, no sé. Manías…

. . . Y  tú

 

 

E

 

l  Alma Que Me Desnudas  me ha dejado, y siendo sólo yo no tengo juego que enfrentarte. Te salieron alas negras y, como siempre, ella siguió tus pasos. Te vio volar, y siendo gato no entendió que perseguía sólo un mal sueño que tú inventaste.

 

El Alma Que Me Desnudas  no volvió con tu resaca. Se quedo en algún mar lejano, dándole zarpazos a olas de mentira. Yo creo que aún no sabe que siguió a un tú que se perdía y todavía te espera, para volver contigo a mi lado.

 

Y yo, sin nada mágico asomándose desde mis ojos, siento el vacío helando la fe que me crecía. Tengo miedo de serte, de pasar de largo, de no alcanzarte, de agarrar vacíos, de mentirte y engañarme… Tengo miedo de esos sueños que te inventas y te ahogan la mirada,de esa falsa paz comprada que te deja, como a mí, vacío el alma.

 

El Alma Que Me Desnudas  no sabría que hacer con este nuevo tú que se desliza hacia la nada; con este tú de sombras apagadas, que escapa dando tumbos y estrellándose las ganas de vivir.El Alma Que Me Desnudas  nunca fue bastante cuerda para entender nada. Y yo, que entiendo, no tengo uñas para arrancarte ese silencio que envenena tus palabras, no puedo devorar tu pena, ni entrar en ti para abrigarla.

 

Y el no puedo me convierte el pecho en puños, y la soledad en puños, y me llena de puños la garganta. Y la noche se ha vuelto golpes que aplastar contra la almohada, por no volverme contra ti y desahogar en ti toda mi rabia.

 

 

 

 

PeroEl Alma Que Me Desnudas  me dejó, y el yo cuerdo que te llora no sabe ser más, ni sabe perder el rumbo tras de ti, ni romperte a golpes las alas negras.

 

Me quedo junto a ti en excesos y siempre escasa, y me duele la pobreza de los tactos, que no te llegan, porque no sé calcular bien la distancia entre nosotros. Me voy volviendo opaca, porque tú ya no me buscas y yo no sé encontrarte, y aún escucho cuando no estás los gritos que te callas.

 

¿Lo ves? Fumándote la vida llenas de humo mi aire. Un humo espeso y asfixiante en el que no puedo ¡no puedo! verte y que diluye el tú que yo preciso para no sentir miedo.

 

¡Yo!, cobarde y egoísta, adivinando a medias tu falta de sueños, asomándome a tu red, acercándome y huyendo, llevándome pegado el fantasma de una lágrima tuya en la piel…

 

¡SiEl Alma Que Me Desnudas   pudiera devolverte la luz prestada…!

… Y el no puedo pesa más cada segundo que te pierdo.

 

 

 

Ojalá, una noche sin alas, El Alma Que Me Desnudas
recupere tu rastro y vuelva en tu busca. Ojalá sea tigre y te haga
pedazos para que sangres toda la desesperanza.

19 enero, 2008

Leyes de Murphi aplicadas a la interpretación de L.S.

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 15:00
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Cuando el diablo se aburre, con el rabo espanta moscas…
… o adapta leyes, como es mi caso.
Esto lo trajiné en tardes de poca faena en la oficina, para el foro de intérpretes y la sección de humor de la web de cilsecyl.org
Lo he releeido hace poco y me sigue haciendo gracia. Es que en el trabajo a veces tienes cada sitiuación de un subrealista…
Leyes de Murphi aplicadas al trabajo de intérprete de lengua de signos:
·LEY DE MURPHY.Si algo puede salir mal, saldrá mal.
Aplicación de la ley de Murphy a los servicios de interpretación:1.Ningún servicio es tan fácil como parece.
2.No hay servicio simple que no pueda hacerse mal.
3.Todo servicio lleva más tiempo del que te piensas.
4.Cuando preveeas tiempo suficiente, el usuario no se presentará.
5.Si existe la posibilidad de que varias cosas vayan mal durante el desarrollo de un servicio, la que cause más perjuicios será la única que vaya mal.
6.Si intuyes que hay cuatro posibilidades de que un servicio vaya mal y las evitas, al momento aparecerá espontáneamente una quinta posibilidad.
7.Cuando se deja a los usuarios a su aire, la cosa suele ir de mal en peor.
8.Cuando creas que tienes todo controlado y que nada puede salir mal… te cambiarán el servicio.
9.En cuanto el coordinador priorice un servicio, se dará cuenta de que hay otro que debería haberse hecho antes.
10.Cuando por fin se ajusten los horarios definitivos y sean comunicados a los intérpretes, surgirá un servicio de urgencia, algún profesional se pondrá enfermo, o ambas cosas.Aplicación de la ley de Murphy a los servicios en conferencia:

Toda conferencia es un caldo de cultivo perfecto para que se cumpla la ley de Murphy en su máxima extensión.

El escenario es la alfombra persa sobre la que caerá la autoestima del intérprete como tostada untada de mantequilla. Cuanta más mantequilla tengas, más pringosa será la caida.

1.No existe interpretación en conferencia que salga bien.
2.Si crees que todo ha salido bien, es que lo que estaba mal era tu sentido crítico.
3.Si hoy estás sembrado, no te preocupes. Se te pasará. (ADAPTACIÓN DEL POSTULADO DE BOLING)
4.El esfuerzo para corregir discretamente cualquier error en la interpretación, provocará una perdida de coherencia que será mucho peor que el error original.
5.Cuando por fin recuperes el hilo y el ritmo de interpretación de forma satisfactoria, percibirás en tu hombro la señal de que tu turno ha finalizado.
6.No se puede saber la repercusión de un error hasta que pillas en la asociación a un grupo de personas sordas que no asistieron hablando de él.
7.Cuando creas que ya nada puede salir peor, descubrirás que el siguiente ponente tiene afonía y taquilalia.
8.Cuanta más dificultad haya para ver la información presentada en pantallas mediante diapositivas y proyectores, mayor será el uso de deícticos en el discurso.
9.Una partícula que se desplaza en una sala de conferencias, acabará en el ojo del intérprete en ejercicio (ADAPTACIÓN DE LA LEY DE KEN).

Ley de la responsabilidad:

La culpa siempre es del intérprete

Extensión de la ley de la responsabilidad.

1.Da igual cual sea la causa por la que el usuario sordo no entienda el contenido: la culpa es del intérprete.
2.Cuando la culpa no sea del intérprete, algo ocurrirá que hará que de todas formas parezca que lo es.
3.Cuando tu trabajo sea claro y transparente, el discurso del ponente será ininteligible.
4.Cuando tu trabajo sea claro y transaparente y el discurso del ponente perfecto, el sistema de sonido e iluminación haran imposible el proceso de interpretación.
5.Cuando tu trabajo sea claro y transaparente, el discurso del ponente perfecto y el sistema de sonido e iluminación funcione correctamente, el tema sobrepasará con creces los conocimientos del público sordo.
6.Cuando tu trabajo sea claro y transparente, el discruso del ponente perfecto, los sistemas de sonido e iluminación funcionen y el tema sea ameno y comprensible… No habrá usuarios sordos entre el público.

Ley de la dificultad fonética:

Si es difícil de pronunciar, será signado.

1.En un servicio de interpretación a lengua oral, entre todos los sinónimos existentes válidos para traducir un determinado signo o expresión, siempre vendrá a la cabeza aquel y sólo aquel que sea de más difícil pronunciación.
2.La cantidad de veces que aparece un término en una conferencia es directamente proporcional a su dificultad de pronunciación. Cuanto mayor sea la probabilidad de que provoque un trabamiento de lengua, más le gustará al ponente.

Extensión de la ley anterior o regla del ridículo:

3.La probabilidad anterior se incrementa en función del contexto: cuanto más formal sea el evento, más público concurra y en general mayor vaya a ser el ridículo, mayor será la probabilidad.

Sobre las ayudas técnicas:

1.Ningún micrófono falla durante las pruebas previas ni mientras su uso no sea absolutamente necesario.
2.El micrófono que te toca a ti, siempre es el que más falla.
3.En caso de cambiar de micrófono, este empezará a funcionar perfectamente y en cambio el nuevo que te sea asignado provocará distorsiones y pitidos.
4.El micrófono que no ha funcionado durante todo el congreso, se activará él solo por arte de magia cuando vayas a hacer algún comentario indiscreto a la persona que se sienta a tu lado.
5.La cantidad de usuarios sordos a los que les pite el audífono y su cercanía a tu puesto, es inversamente proporcional a la calidad y claridad con la que te llegue el sonido de la voz del ponente.
6.Los focos móviles siempre apuntarán a tus ojos cuando precises consultar al intérprete de apoyo.

Ley de la aversión fotográfica:

Todo fotógrafo que acude a eventos interpretados, sufre de aversión innata por los intérpretes de lengua de signos aunque no sepa ni lo que son.

1.Cuanto más mona te pongas para un servicio en conferencia, menos probabilidades hay de salir en la foto (conclusión: ponte mona)
2.El fotógrafo siempre tomará la instantánea del profesional intérprete en el momento en que este esté ejecutando algún signo o clasificador con expresión facial aparatosa: guiños, soplos, hinchamientos de mejillas, sacamientos de lengua…
3.Cuando en un signo o parte de él, o en el proceso de transformación de un signo en el siguiente, haya durante una milésima de segundo algun momento en que la configuración conforme una apariencia que pueda parecer remotamente obscena o insultante, ese será el momento que el fotografo elija para tomar su instantánea.
4.Por supuesto, la foto anterior será la que elija la prensa para ilustrar cualquier noticia sobre el evento.
5.Según la teoría de la imagen, por lo visto la distancia y posición perfectas para poner la cámara y tomar una instantanea del ponente, será siempre aquella que esté ocupando en ese momento la cara del intérprete.
6.La probabilidad de que se te rompan las medias es directamente proporcional al interés del fotógrafo en tomarte una instantánea de cuerpo entero.
7.Si para evitar la ley anterior llevas pantalones, se te romperá la costura de éstos o un botón de la blusa. O ambas cosas.

FILOSOFIA DE MURPHY.Sonríe. Mañana puede ser peor.

15 diciembre, 2007

El Alma Que Me Desnudas

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 20:00
 
Fantarreales Cuentosías
 
 
Inspirado por un buen amigo con el que se podía llorar cuando hacía falta.
 
 
 
 

El  Alma  Que Me  Desnudas

 

 

 

E

 

l  Alma Que Me Desnudas  se desperezó y se asomó, sorprendida, a los ojos donde tú dices que me adivinas. No sabía si salir desnuda o con el traje de tu voz. Se agazapó en una nota y, palpándose para estar segura de ser quien era, te preguntó:

-“¿Cuándo me has tomado las medidas?”

 

El Alma Que Me Desnudas  no es mujer ni es niña, es un gato para andarse por las ramas y amagar huidas, pero aquella noche helada aceptó quedarse a la vera de tu fuego mientras a mí el whisky me ardía en la garganta.

-¿Me contestas?

Un gato abierto en sonrisas, pero parco en palabras, que se quemó torpe con mi lengua quemada para no dejarte sin respuestas.

El Alma Que Me Desnudas  se quitó el frío en voz baja y me arañó al intentar lanzarle un zarpazo a las estrellas. Yo tiritaba.

– Tú es que vives en otro mundo.

“Yo soy Peter Pan”, pensé, y unas caricias a contrapelo volvieron a El Alma Que Me Desnudas  a mi regazo, a enjugarse una lágrima diminuta.

-“Es él”, me susurró al oído -,le conozco; Le vi una noche que me escapé de tu boca.”

Luego El Alma Que Me Desnudas  se adormeció entre tu voz y sus nostalgias para soñar con cuentos y velas.

Cuando los dos vimos en el humo sombras de besos, El Alma Que Me Desnudas  se revolvió y se tragó el humo a bocados.

-“¡Quiero algo en que creer!”- exclamó tendiéndote un no que me arrancó de la garganta.

Y a  cambio de besos llenamos la noche de palabras.

 

 

A El Alma Que Me Desnudas  le sabes a encuentro y a fe. Le reavivas las cenizas del aliento y en su pecho el fuego roza su escéptica manera de entregarse. Yo le dejo que me vuelva de cristal, pues no te temo, aunque sé que este juego, desde el que El Alma Que Me Desnudas  te contempla con ternura, es extraño de jugar.

 

A mí, El Alma Que Me Desnudas  se me enfrenta en mi reflejo mostrándome los dientes y no sé si me sonríe o me amenaza.

-“¿Lo ves?”- me grita volando salvaje de su libertad a mi razón domada, tan pronto tigre como angora. -“¡Somos así!”

Y yo, que sé bien como soy, te oí decir:

– Somos iguales

Y no supe si echarme a temblar o si alegrarme.

 

El Alma Que Me Desnudas  es feliz de ser así. De ser, y punto. Pero es un punto largo, suspenso en dudas e indecisiones que me sé al dedillo y que rara vez tolera la estrechez de las verdades. El Alma Que Me Desnudas  suele quedarse a la sombra de mis silencios y se eriza si le violan los misterios, pero ahueca pronto ante ti sus luces y penumbras y se acomoda con facilidad a tus pasos.

 

A El Alma Que Me Desnudas  le gusta perder contigo el tiempo, pero no sé yo si tú, que tan profundo miras, no te harás daño en el fondo de mi pecho. O si a fuerza de tensarnos no nos caeremos los dos del tablero, y habrá aún menos en lo que creer.

 

 

 

9 diciembre, 2007

La Abeja

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 18:53
Fantarreales cuentosías
 
Ayer fuimos a ver con el peque Bee Movie. Está mejor de lo que esperaba.
Próximas candidtas: Donkey Xote y El Arca de Noe. Ambas españolas, hay que apoyar el cine español de animación, jisjis.
 
Y ya que va de abejas… otro viejo recorte.
 
 
 

 

La Abeja

 

 

He volado desde demasiado lejos siguiendo una danza equivocada.

 

Tal vez no conté bien los grados en los giros, tal vez estuve más pendiente del color del sol a lo lejos que del mensaje cifrado en interminables ochos… O tal vez el baile sutil de la cintura amiga se confundió en mi mente e inventé un nuevo camino.

 

No encontré el alimento buscado, pero he cruzado mares de aromas y colores a los que jamás me hubiera asomado. Sin esta confusión terrible que ha dejado exhaustas mis alas, nunca hubiera osado volar más allá, seguir las brisas, acercarme al atardecer que arde ahí delante.

 

Y ahora, que ya no puedo regresar, tras el pánico inicial que casi me hizo precipitar el vuelo sobre una brillante tela de araña, me siento en paz.

 

Dejo que el soplo suave de los vientos de la tarde me sostenga sin pensar más en el regreso. No volveré a la colmena. Nunca volveré a ser una más cifrando y leyendo los giros exactos.

 

Sólo seré yo, y tal vez, algún día, alcance un destino propio que jamás supo codificar ninguna danza.

 

1 diciembre, 2007

Las alas de marel

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 8:51
 
Fantarreales cuentosías
Cuentame un cuento…
 LAS ALAS DE MAREL
 
 

¿Por qué no me amas?

Un frío antiguo le estremeció y volvió torpes sus dedos. La apretó contra sí y la notó bajo sus manos pequeña y dolorida, como tantas veces la había presentido antes de aquel día.

"- Te equivocas, sí que te amo."

Las palabras se formaron solas en su boca, cálidas y protectoras como un bálsamo para la pena de su voz. Pero al apartarle el cabello de los ojos vio cuanta más le quedaba allí y se tragó la mentira. La pena le había llenado de brillos azules la mirada. No importaba de que color fueran sus ojos, la pena siempre se los teñía de azul.

Le acarició preocupado las mejillas y le secó suavemente una lágrima indiscreta. Ella ensayó una risa nerviosa, súbitamente avergonzada, y se desenredó de sus brazos para envolverse con la manta que él había sacado del maletero.

Toma, ponte mi cazadora.

            La ayudó a pasar los brazos por las mangas y le subió luego la cremallera, como si con aquel gesto volviera a cubrirle el alma. Y había tanta ternura en sus intenciones que ella le sonrió y volvió a recostarse sobre su pecho.

            Estuvieron así abrazados algún tiempo, pasándose en silencio una botella de Jack Daniels y mirando la lluvia a través del parabrisas. Cuando la música se acabó, nadie se molestó en darle la vuelta a la cinta, pero para entonces ella ya había dejado de llorar.

            Te voy a contar una historia.– Dijo él mientras encendía un cigarrillo.- Es una historia de amor, la historia de Marel y el Dios Oscuro. ¿La conoces?

No.

            Es muy antigua, de antes de que los hombres empezaran a amar. Y como no sabían amar, tampoco odiaban, ni sufrían por culpa de ningún tipo de pasión. El único dolor que conocían era el que producen las heridas y las enfermedades. Vivían muy felices, quizás mejor que ahora. O tal vez no. Por aquel entonces Marel y el Dios Oscuro eran buenos amigos. Desde que surgieron de las tinieblas del caos para ser lo que eran, los dos habían estado juntos. Y eso quiere decir que habían compartido miles de años, porque ambos habían visto la gran explosión, y el pedazo de roca que surgió de ésta y empezó a girar alrededor de una estrella. Solían discutir apasionadamente bajo las lluvias de meteoritos, o se sentaban en los grandes glaciares a compartir secretos. Marel siempre encontraba los lugares más bellos y sobrecogedores de aquella roca. Su forma imprecisa de diosa sin creyentes se fue volviendo parda como la tierra, a la que a solas llamaba Madre, y su alma echó raíces tan profundas en ella, que llegó un día en que le fue imposible volver a alzar el vuelo. Pero no le importó demasiado, porque allí era feliz y su fiel y único amigo, el Dios Oscuro, tampoco solía ausentarse durante demasiado tiempo.

            Ocurrió precisamente durante una de estas ausencias que llegó El Hombre. Al principio eran animales extraños y solitarios que a Marel, sin saber por qué, le parecieron amenazadores. Quizás por eso, cuando empezaron a juntarse en grupos y a pensar estrategias, Marel bajó de las grandes cumbres a las tierras de las Tribus para mezclarse con ellas. Y preocupada por lo que a su amado planeta podría ocurrirle a la larga en manos de aquellos seres, o quizás porque se aburría en compañía de los otros seres mágicos del lugar, mucho más jóvenes que ella, decidió dar a los hombres algo que combatiera ese lado oscuro que había intuido en ellos.

            Cuando el Dios Oscuro regresó, encontró a Marel mezclando gotas de su preciosa sangre con puñaditos de tierra, al tiempo que cantaba para acallar los llantos de varios bebes que ocupaban su regazo.

             – ¿Qué haces, Marel?

            Y Marel, que ya se había acostumbrado a no oír la voz de ningún dios, se sobresaltó de tal manera que uno de los bebes calló en la redoma de la sangre y estuvo a punto de ahogarse.

            – Pongo un poco de esto bajo sus párpados cuando nacen y así miran con amor la Tierra.- explicó mientras guardaba la redoma y los bebés entre los pliegues de su manto.

            El Dios Oscuro no dijo nada, aunque le inquietaba la idea de que Marel estuviera haciendo semejante experimento con aquellos seres. Luego los dos comenzaron a hablar y a pasear por el mundo de Marel y todo quedó olvidado.

            Algunas charlas después, el bebé que había caído en la redoma cumplió su decimosexto verano. El Dios Oscuro quiso regalarle algo especial, porque en aquel tiempo había llegado a tomarle bastante aprecio. De hecho, era el único ser de aquella raza extraña que le parecía digno de interés, ya que se mezclaban en él las pasiones de los dioses y la felicidad salvaje de los hombres. Marel acogió entusiasmada la idea, e incluso le ayudó a elaborar un talismán mágico para su criatura favorita, ya que en secreto esperaba que el afecto del dios Oscuro por su mascota le retuviera durante más tiempo a su lado. Pero cuando el Dios Oscuro se inclinó sobre la pequeña cabeza para pasarle la cadena alrededor del cuello, vio por un momento el fondo infinito de sus ojos, y quedó de tal modo prendado de su mirada que tomó a la mujer en sus brazos y alzó el vuelo hacia la morada de los dioses, más allá de la última estrella.

            En los dioses todo era exagerado, para eso tenían el monopolio de los sentimientos profundos. Ahora son algo más moderados. La rabia de Marel fue tan intensa, que las cadenas montañosas más jóvenes temblaron y se produjeron aludes en las cumbres y varios poblados de las Tribus quedaron sepultados. Algunas de las razas más antiguas desaparecieron aquel día y no volvió a saberse jamás de ellas.

Enfurecida y apenada, intentó inútilmente seguirles, pero por más que saltaba apenas conseguía separarse de la Tierra, ya que las alas se le habían vuelto raíces. Finalmente se dirigió a la cueva donde el Dios Oscuro solía dormir con ella cuando la visitaba en su amada roca, y lanzó por los aires cuanto encontró a mano, incluida una redoma con sangre y varios bebes. Y entonces, al fondo de un cajón de su cómoda, encontró un extraño objeto que temblaba y despedía un suave calor, hecho como de cristal y seda: Era el corazón del Dios Oscuro, que se lo había entregado algunos miles de años antes para que lo guardara.

Marel tomó el corazón en sus manos y lloró al notar que el calor crecía estando el dios lejos de ella. El dolor era tan insoportable que sus dedos se convirtieron en garras y comenzó a arañar hebras del corazón del Dios Oscuro con las que, pacientemente, fue tejiéndose unas alas nuevas que cosió a su espalda. Luego aleteó y aleteó, toda ella azul de pena, – porque la pena, por si no lo sabías, es azul -, hasta que tan fuerte tiró que se le desgajaron las raíces y ascendió con una brusca sacudida.

Marel destruyó a su rival, por supuesto. La encontró durmiendo en el lecho del Dios Oscuro y tuvo envidia de la felicidad que le brillaba en la piel. Así que se metió el puño por la garganta, hasta tocar con la punta de sus dedos vueltos garras la superficie de su océano de tristeza, y se arrancó la pena para ahogar en ella a la mujer antes de arrojar su cuerpo a la Tierra. Y como cayó desde tan alto, se deshizo en la caída y sus restos se incrustaron en el suelo como semillas que renacen una y otra vez, un trocito en cada mujer, siempre azules de la pena divina. Y eso es todo.

¡No puede ser todo! ¿Qué pasó luego? ¿Cómo acaba?

No acaba: ¡eran dioses! Nunca mueren… Cuando el Dios Oscuro supo lo que Marel había hecho, se le heló el corazón.

– ¡¿Por qué no me amas?!- le gritó Marel.

– ¿Cómo puedo amarte? ¿Con qué corazón amarte? – le contestó. Desde entonces vaga sin amar a nadie ni a nada por entre los hombres, intentando recuperar el calor que le daba aquel ser de ojos infinitos.

Es un cuento horrible.

Él dio una larga calada a su cigarrillo y le acarició con descuido el pelo.

No lo es. Marel huyó volando aquel día y sigue hoy haciéndolo, dejando que el mágico tejido de sus alas heladas se descascarille y vaya desprendiéndose como una escarcha de destellos sobre las cabezas de los hombres. Desde entonces los hombres aman, como los dioses. Y lloran, como ellos. Y a fuerza de llantos han hecho que el mar sea azul…

Ella suspiró y se acurrucó en su pecho, escondiéndole el rostro para que no viera la pena en sus ojos.

¿Por qué no me amas?

Un frío antiguo le estremeció y volvió torpes sus dedos. La apretó contra sí y la notó bajo sus manos pequeña y dolorida, como tantas veces la había presentido vida tras vida.

Te equivocas, sí que te amo.

Fuera, una sombra arrastraba tras sí los desechos inútiles de unas viejas alas deshilachadas.

17 noviembre, 2007

Con las alas mojadas

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 18:51


Fantareales cuentosías

 

– ¡Se le han empapado las alas! ¡Se le han empapado las alas!

Todas las sombras se asomaron al borde del agujero para ver si era cierto, rebullendo y chisporroteando como siempre. Y lo que es extraño: ninguna perdió pie y se deslizó por la empinada ladera. De pronto, entre las siluetas de orejas puntiagudas, rechonchas, espigadas, con o sin cuernos, otra silueta sobresalió destacando contra la luz del cielo.

– ¡Oh, vamos! – dijo con aburrimiento – ¡Sal de ahí!

Desde el fondo del cráter, encogida y con las alas pegadas entre sí, arrugadas y chorreantes de agua salada, la voz levantó la vista con cansancio.

– No puedo, Peter. Ya no puedo volar.
"No puedo imaginarme nada que te pinte el cielo de aventuras. No puedo deshacerme de mi misma y alzar el vuelo contigo."

– ¿Y tus historias?

– A medias. Morirán a medias.

Peter Pan soltó una carcajada y se alzó unos palmos del suelo, con los brazos en jarras y Campanilla sobre el hombro.

 

– ¡Eso no puede ser! ¡Seca tus alas! ¡Vuela!

La voz se acurrucó en su agujero y éste se hizo un poco más profundo.

– Es que ya no quiero, Peter, ya me da igual.

Todas las sombras callaron y se apartaron temerosos del borde.

– Cobarde – murmuró Peter Pan alejándose, cada vez más alto, hasta que fue un puntito impreciso y desapareció.

Y todos se fueron entonces, y yo me quedé allí encogida y con la imaginación moribunda, mientras el hoyo se hacía más y más profundo.  

 

 

 

13 noviembre, 2007

GATOS DE MIEL

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 8:52

Fantareales cuentosías

 

 

Tenía la piel hermosa, del color de la miel, y los ojos tan dorados como monedas nuevas, siempre atentos a cuanto ocurría desde el elevado refugio de su tejado. Pero un día desapareció, así, sin más, y el tejado se quedó vacío y solitario. No sé por qué aquel gato quiso esconderse en su cabeza aún después de ido, en su pobre cabeza, llena de agujeros y fantasmas; pero el caso es que mucho tiempo después, cuando ya era incapaz de recordar los viejos sueños, – quizás no quería recordarlos -, todavía pintaba gatos de miel, siempre encuadrados por las rejas de su ventana.

 

Es extraña la mente de un niño, como extraños son sus juegos sin reglas y las frases que sin sentido lanza al azar, porque sí, porque se le pasó por la cabeza y no quiso permitir que un agujero se tragara aquella idea, tal vez para siempre.

 

Yo también tuve, hace mucho tiempo, llena de agujeros la cabeza. Y hubo también para mí educadores y especialistas empeñados en ayudarme a ser normal. ¡Ser normal! Como si ser normal fuera la cosa más maravillosa que a un niño puede ocurrirle. Ahora lamento a menudo haber perdido aquel extraordinario don que Dios quiso poner en la cabeza de unos pocos afortunados: la capacidad de poder olvidar. Pero un día, de repente, cuando volvía a casa chorreando agua de lluvia, sin prisa, porque a mí la lluvia me ayudaba a lavarme el corazón, una idea molesta y acerada me fue creciendo,  tan deprisa, que apenas me dio tiempo a esconder un par de agujeros en lo más profundo de mi alma antes de que aquel concepto invasor lo ocupara todo. ¡Era mayor! Y un adulto no camina bajo la lluvia, debe correr en busca de un refugio donde pones a salvo, a salvo de todo lo que es hermoso y salvaje, su peinado y su ordenado mundo, lleno de leyes y convencionalismos. En realidad fue un terrible golpe tomar conciencia de mi olvidada edad, un golpe que me cortó la respiración y me dejó desvalida y confusa, recibiendo empujones en medio de una transitada calle.

 

Me encontré de pronto sola, por  primera vez perdida, sin mis sueños infantiles; Tan sencillos de entender como vivir sin preguntarse, ni buscar en los escombros tu persona. Era un súbito despertar, un desgarro, una herida, que me obligó a mirar hacia mi misma y descubrí que allí no estaba yo, si no una sombra. Y siendo sombra me lancé a vivir una vida que no estoy segura de que sea mía. Ser un ser vacío, de alma prestada, que refleja sentimientos percibidos en los rostros de otras sombras, que, tal vez, igual que yo estén fingiendo su propio drama. Somos todos… No  sé que somos; yo a veces lo soy todo, apasionada, conmovida, y otras veces soy la nada. Cuanto siento…, ¿me lo invento?

 

Tuve entonces que buscarme en el páramo vacío del que, hasta aquel día, me había protegido mi niñez. Tuve miedo, y aún lo tengo, de entenderme, de poder ver en mi espejo mi reflejo y decir, sin esconderme en dudas, así soy: soy esa de ahí enfrente que construye, piedra a piedra, lo que siente. He cruzado mil caminos, sólo quiero un lugar que sea mío, donde parar a descansar esta loca vida que me agota. Estoy harta de los ríos que no acaban. Me he llenado de silencios y de palabras; Llevo fiestas en la sangre, llevo besos y caricias, y fracasos, y semillas que no arraigan, y mentiras que no sé cuando inventé. Llevo tiempos que me ahogan y cariños que no entiendo, y dolor, y rabia, y ganas de ser otra; Ser un yo más fuerte, un yo limpio, que se mire frente a frente y que olvide.

Y esto duele, es más fácil ser la sombra, disfrazada de otra gente, un engaño que no sufre.

 

Sin embargo, por la noche, brotan de entre las sábanas las heridas y trepan por el disfraz, buscando en la máscara robada una fisura. De noche hablo a luna, busco con la mirada gatos, y recuerdo a mi pesar todas mis dudas, porque no he encontrado aún un agujero que de ellas me libere. Trato poco a poco de apaciguar las turbulencias que en mi pecho he abrigado al negarme tanto tiempo, al luchar conmigo misma y convertirme en mi enemiga. Y aún hay noches en las que pierdo la batalla y amanece un día negro, tan negro que no hay sombras. Una vida vacía me sube a la garganta, a los ojos, a la pluma, y se vierte en un papel como este entre huellas húmedas de rebeldía y pena, heridas viejas que se abren y llanto sin motivo, dejándome en la boca un sabor un tanto amargo y melancólico. He llegado a ese momento en el que pienso que no hay puertas, o, si las hay, tal vez me falten ansias y deseos de empujarlas. Me siento de corcho, empapada de nada, y deseo dejar de sentir, romper el día en mil pedazos… Y el momento se marchó para dar paso a una calma de resaca, dolorida, sorprendida de aún estar y temerosa.

 

Poco a poco me acomodo a la rutina de vivir sin gran esfuerzo, y permito que en mi mente las ideas se revuelvan y me ataquen porque sé, que aunque golpeen, soy arena en la que el puño no es capaz de dejar mella. Sin embargo me endurezco día a día otra vez, y estallo en mil pedazos una tarde, cuando siento que el alcohol me está ganando la partida, que viene el sueño, que estoy cansada. Me siento a contemplar mi decadencia, el final de un alma mía que tal vez me quede grande. Un alma ajena, que cae y que sabe que la miro.

 

Ajena… ¡mía! Que es tan mía como mías las ideas que la empujan hacia un parque. Estoy huyendo, sacudiéndome las brumas, pero llevo el sueño dentro y enterrarle… No hay bastante tierra en este parque para enterrar mis sueños, ni hay agujeros que se los traguen.

 

 

 

 

 

 

Llueve. Siempre ha sido así, siempre ha llovido en momentos como éste. El agua cae sobre mi piel, me lava el rostro, me lava el alma y el llanto, encierra el mundo tras su cortina y canta, batiendo la tierra con dulce nana de agujas frías. Me refugio en la lluvia y me empapo mientras pienso en esta vida a la que tantas veces me propuse poner fin y no lo hice, por falta de coraje, o de voluntad tal vez. Y no es que quisiera morir, sólo que el deseo de soñar era tan grande… Nada importa, ¿para qué entonces despertar?. Enfrentarme a más fracasos, al dolor, la soledad, y a ese temor ambiguo de encontrar un día arrestos para romperme, abrirme, morderme las venas. Y, entonces, que la lluvia lave mi sangre, lave el vacío que de mi interior brote con ella, la impotencia que la mancha, la inutilidad de un día, y otro, y otro, y el siguiente… Y dormir bañada en agua y sangre tibia, sabia, palpitante, como retornando a un vientre donde el tiempo ya no es tiempo, sólo sueños, y tinieblas de ropajes de inconsciencia, para siempre.

 

 

Echo en falta al niño que no quise, aquel que dejé encerrado tras sus rejas, en las manos eficientes de doctores y maestros. Me pregunto si aún no es tarde, si seguirá pintando gatos de miel, si puedo rescatarle antes de que hagan de él otro yo de barro y le roben su corazón vacío. Sé que le traiciono, y le condeno a ser maduro y a enfrentarse a la cordura. Soy mi niño, me han crecido, y me ahogo en un aire mil veces respirado. La tarde me está ahogando, enfermo de ganas de no vivir, y recuerdo que hubo un tiempo en el que todo era más fácil.

 

Pero al final tiendo la mano y me sujeto. Soy un Ser, y un delirio de utopía me rescata de mi misma.

Sigo aquí, estoy sintiendo. He vencido.

 

delirio:

"La Utopía, una explosión de sentimientos; Y llevar dentro de mi cientos de años, todos los tiempos… Siendo yo cuanto acontece, y mis sueños, y tus sueños, y los sueños, y la nada, y el silencio, y las voces. Siendo sólo un universo y escribiendo sin sentido, con la lógica hecha jirones, hecha nubes, hecha rabia; Dando golpes con el puño. Se me mete por los ojos y la boca todo un mundo y convergen hacia mí todas las cosas. Mi yo estalla; mi piel, rota, se abre en pétalos y abraza. Y mis manos, que no tocan; y mis fuerzas, que se agotan; y mi vida, que no siento… Siento todo y soy otra, nueva, llena, que no quiere, que no puede, no desea, no precisa. Soy un alma casi autista que en su yo encerró la vida, y nada vive: Yo soy vida. Un instante, y la rutina.

Son las cosas ahora cosas, indolentes, inamovibles, con colores y con formas, con un tacto que mis dedos reconocen, que acarician con sus curvas y que clavan al espacio definido sus aristas, sólo cosas. Y la gente es ahora gente, y hay paredes, y no hay nada que porque yo éxito exista. Y estoy sola. Y estoy viva. Estoy viva."

 

 

 


Me temo. ¿Y si soy verdad?… No puedo serlo: debo de estar mintiendo…

… ¿ Y si soy verdad?

6 noviembre, 2007

Lengua de Signos

 
Y digo yo…

El pasado día 24 de octubre salió publicada en el BOE la ley que reconoce las lenguas de signos españolas. Bueno, reconoce muchas cosas más…

El caso es que ya tenemos lengua de signos.
Como si no la hubieramos tenido hace un mes, o tres años.
Pero hoy la ley reconoce el derecho de las personas sordas a usar su lengua y a ser educadas en ella. Claro que también nos reconocen derechos constitucionales a un trabajo, a una vivienda digna, y a tantas otras cosas… Veremos en qué acaba tanta expectativa

 

.

Y de repente pensé… ¿igual no vuelvo a interpretar nunca nada? ¿Se me apagarán las manos?

Cuando elijes un camino, siempre renuncias a otro.

 .

Aunque seguramente no son más que autojustificaciones y lo único real es que me acomodé y las dejé apagarse.

 .

Si las palabras se me mueren
las enterraré en el páramo.

(mejor muertas que vacías)
Aún me quedan las manos.
Pero mis risas… y mis cantos..
quiero voz para mis llantos
.

 .

 .
 .

Si alguien lee por casualidad este escondite y está interesado en la lengua de signos :
http://signapuntes.8forum.info/

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3 noviembre, 2007

BLANCANIEVES Y EL PRINCIPE AZUL

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 22:03

 

Tengo una amiga cuyo blog tal vez algún día os recomiende (seguro que lo haré). Es un espacio mágico, cuidado y elegante, repleto de hermosas imágenes y textos increibles, relatos, intimidades… La última vez que lo visité lloré, porque si a quienes lo visitan les emociona, a mi además me retrae con frecuencia a los paisajes y las gentes que describe y que compartimos.

Bueno, esto jamás será como ese blog. No tengo su paciencia para cuidar la estética, ni tuve nunca perserverancia para mantener un diario, esto no es más que un experimento. Y como con algo hay que comenzar… y no se me ocurre nada mejor (qué triste, ¿no?) pues para ir explorando qué es esto de los blogs me apañaré con los viejos cuentos.

Dedicados siempre humildemente a los Hacedores de Palabras, todos aquellos que enhebráis letras.

 

 

BLANCANIEVES Y EL PRINCIPE AZUL

 
Fantareales cuentosías

 

El príncipe azul perdió la mente entre nubes de polvo y humo. Y Blancanieves (la princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa) dejó su corazón pinchado en una rueca para que durmiera cien años, hilando sueños grises.

 

El  príncipe azul resultó que no era un héroe, y robó un viaje a ninguna parte.

Ahora Blancanieves se pinta sonrisas y olvida en qué bocas las abandona cada noche. Con una varilla de incienso, le ha prendido fuego a los cuentos de cuando era niña y lleva minifalda y tacones para pisar fuerte y espantar el silencio. Los lobos se acercan cuando Blancanieves danza en los bares.

El príncipe azul no oye sus pasos, ha descubierto que los coches vuelan si el polvo es blanco, y está muy ocupado fumando polvo de hadas en algún lugar seguro.

 

Blancanieves ya no se llama Blancanieves, no lanza las trenzas por ningún balcón, ni vuelve la paja oro. Pero da igual, porque a nadie en el bosque le importa quién demonios fue Blancanieves, prefieren las risas pintadas a los suspiros de fresa.

Lo que no saben es que ha comprado un cuchillo para matar sueños, y que lo lleva en el escote de su disfraz de princesa, por si algún príncipe le viene con cuentos.

 

 

 
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