Ya veremos…

3 octubre, 2012

Isabel de Castilla, las docta puellae y puntitos de feminismo remoto

Filed under: Tertulia literaria — Chus @ 11:58
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proveyó de preceptores y maestros a todos los de su palacio, así doncellas como pajes, porque todos aprendiesen
Lucio Marineo Sículo en De rebus memoralibus Hispaniae

 

 

El personaje de Isabel de Castilla siempre ha sido uno de los que más me han atraído. Eso del “tanto monta monta tanto Isabel como Fernando” nos adelanta que la señora debió ser de armas tomar. Pero conocerla no es tan fácil… Por desgracia cada época cuenta la historia como le apetece y hay algunos periodos y personajes que parecen montados en una extraña montaña rusa. Isabel la Católica igual puede ser tratada como una santa magnífica y defensora de patria y cristiandad (perspectiva muy propia de la época franquista y almas afines) como de repente es una diablesa con cuernos, guarra, intrigante y despótica.

 

Bueno, dicen que hizo voto en cierta época de no cambiarse la camisa… de ahí lo de guarra. Pero no hay datos que lo confirmen. Hay quien dice que esta leyenda confunde a Isabel con su hija Juana, a la que había que cambiarle la muda a la fuerza a veces (cosas de la locura? de la depresión por el encierro? de tozudez de reina frustrada?). La única Isabel que prometió no cambiarse la camisa hasta acabar la conquista fue Isabel Clara Eugenia de Austria, reina de los Paises Bajos e hija de Felipe II (osea tataranieta de la de Castilla), que hizo ese voto hasta que Ostende fuera tomado por los tercios de flandes.  Tres años duró la aventura militar… no sé si la promesa la haría al empezar la empresa. 

 

El libro que os comentaba que acabo de leer no ha resultado ser muy bueno. Para nada. Los personajes me han parecido planos, sin apenas matices. Los reyes son nobles, hermosos, fieles, devotos, generosos, clementes… Los “malos” en cambio son traidores y mezquinos. Una ñoñada. Más allá de refrescar datos, nombres y fechas, “Isabel la Católica. Grandeza, carácter y poder”, de Cristina Hernando, no ha resultado ser una lectura muy apasionante, disfruté mucho más la lectura de “Juana la Loca, la Cautiva de Tordesillas”.

El caso es que revisando en internet críticas de esta novela, parece que los que critican no coinciden con mi opinión y hablan de ecuanimidad histórica y de un magnífico retrato de la mujer, su compromiso político y preocupación por su pueblo… Y es cierto que todo eso sale en la novela. Y que también se habla de temas que me interesan, como la participación activa de la reina en los episodios bélicos siguiendo al ejército para encargarse de la logística y aprovisionamiento, y la creación de hospitales de campaña.

 

Sobre todo, me fascina su afán por la educación y la cultura, que llevó al matrimonio real a rodearse de consejeros letrados en vez de nobles incultos de buena cuna. Y a la reina en concreto a formar a su alrededor un cortejo de damas ilustradas y contratar preceptoras como Beatriz Galindo “la latina” (de quien toma su nombre el barrio de Madrid) para su propia formación y la de sus hijas, a quienes educó para que como ella, si las tocaba, fueran reinas y no consortes. Que parece de lo más inusual y revolucionario.

 

No hay muchos nombres de mujer en la historia. O bueno, haberlos haylos… pero pocos de la talla de Isabel, que tan descaradamente supongan una ruptura en la tradición, que se alcen como determinantes de sus propias vidas y decisiones, que se autocoronen regentes de pleno derecho negándose a ser sólo esposas del soberano… Un desafío que extendió a otros de los límites de género impuestos en su época.

 

Quiero saber más sobre las “docta puellae”, esa corte de mujeres sabias de la reina, cultas, independientes, con opinión política. Y de esa corriente de liberación e igualdad que bajo el ejemplo de la reina llevó a los nobles a permitir que sus hijas recibieran educación y trataran a los hombres como sus iguales (bueno, ya sería menos…). De la reina de las escuelas para pobres y la primera gramática castellana.

 

Lo que no quita que también me interese la reina de las intrigas, la inquisición, los celos por las infidelidades conyugales, la desesperación por la muerte y la locura de sus hijos…

 

En conclusión, más que el contenido, lo que no me ha convencido de la novela es el tono. No sé… La solución probablemente pase por leer otro, porque anda que no hay libros sobre Isabel.

 


2 comentarios »

  1. No soy muy entendido en el personage de Isabel la Católica. He leído y he estudiado en el colegio lo que me han enseñado, pero a parte de eso, el personage no me ha parecido lo suficientemente atractivo como para leer su biografia.

    Siempre he creido ver en Isabel un personage con luces y sombras. Si hay un episodio sobre el que me gustaria saber más, y es el papel que tuvo Isabel en la logística de los viages de Colón.

    Comentario por Tomàs — 3 octubre, 2012 @ 15:35 | Responder

  2. Según este libro, al rey le parecían fantasías y fue ella la que vio posibilidades en la empresa y prometió la ayuda de la corona de Castilla, eso sí, no antes de que acabaran la toma de Granada. Lo que se alargó mucho, y llevó a Colón a buscar otras fuentes (que no encontró). Al final se toma Granada y la reina empeña sus joyas para pagar la aventura de Colón en busca de una nueva ruta a las indias y japón. El empeño de las joyas aparece como algo bastante habitual, lo hace cada vez que tiene que financiar una gran empresa. Hasta la corona empeñó una vez (en la novela).

    Como tiene un gran calado moral y esas cosas, prohibe terminantemente la esclavización de los nativos y exige para ellos un trato humano cristiano (y cristianizante). Pero Colón pasa de todo, obsesionado por encontrar el oro y las riquezas que se suponía que tenía que haber por allí. Cuando vuelve trae indios consigo, algunos para mostrar en la corte y otros para vender de esclavos. Ella se cabrea porque fueron traidos a la fuerza y se dedica a recuperar uno por uno todos los que trajo, pagando a sus compradores el precio que habían pagado por ellos, y financia su regreso a su tierra.

    A Colón le prohiben volver por allá, por déspota, que en la colonia La Isabela no quieren verle ni en pintura ni indios ni españoles. Pero acaba dandola pena y le deja volver un par de veces más, a ver si encuentra japón de una vez. De uno de los viajes le trae de vuelta un juez que es enviado a poner paz en la colonia, él y su hermano, los dos colones con grilletes.

    En fin….

    Estoy segura de que había mucho más trasfondo, intrigas palaciegas, chanchulleos políticos y cotilleos con sustancia de lo que salen en esta novela.

    Comentario por Chus — 4 octubre, 2012 @ 6:17 | Responder


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