Ya veremos…

9 agosto, 2011

50 años de Amnistía Internacional

Hoy traigo dos onomásticas para recordar, las dos intimamente ligadas por su naturaleza opuesta. (Y casi no las traigo, porque llevo todo el día peleada con el blog, que no le daba la gana funcionar…)

El jueves 9 de agosto de 1945 la bomba Fat Man extendía la negra sombra de su nube en forma de hongo sobre Nagasaki. Me impresiona aún más ésta que su gemela, porque hacía tres días que Little Boy había arrasado Hiroshima y el alcance real que la explosión tendría en la isla y sus pobladores ya había sido comprobado; No era sólo el resultado de unos cálculos de laboratorio, una previsión de destrucción teórica, no: era la realidad de un infierno ya experimentado y, aún así, repetido.

Faltaban por conocer las secuelas que la radiación tendría en la vida que se fuese abriendo paso durante los tiempos venideros en la tierra devastada.

Por entonces, nadie hablaba de derechos humanos. Claro que en una guerra, por mucho que nos las pinten ante las cámaras con esmaltes de civilización, ahora que todo lo televisamos en directo, los derechos humanos no suelen ser más que una mentira más. ¿Quién los salvaguarda? Ni unos bandos ni otros, ni generalmente las fuerzas internacionales que por pitos y flautas (por petróleos y demases) median en los conflictos.

Pero aquel momento de la historia, al finalizar la Gran Guerra que dicen en las películas, bullía de deseos de hacer algo para que ciertas cosas no se repitiesen. Por ahí andaban Stephan Hessel y sus colegas, afilando las plumas para redactar la primera Declaración de los Derechos Humanos. Y en algún lugar del mundo Peter Benenson, abogado (o quizás futuro abogado todavía) seguramente compartía este espíritu humanista.

El caso es que el 28 de mayo de 1961 (ya pasada la resaca de la II Guerra Mundial y empezando los floridos sesenta), a Benenson se le ocurrió inventar una nueva forma de moverse y The Observer aceptó dar soporte a la iniciativa, así publicó el artículo “Los Presos Olvidados”, contado la historia de dos jóvenes estudiantes portugueses que habían sido encarcelados por brindar por la libertad. En él invitaba a los lectores a protestar para solicitar la excarcelacion de los “presos de conciencia”, no sólo esos chavales portugueses, si no de todos aquellos privados de su libertad por sus ideas políticas, religiosas u otros motivos de conciencia. La respuesta a la “Campaña Amnistia 1961” fue masiva, más de un millar de lectores se sumaron a la propuesta. Gentes anónimas pidiendo justicia. Algo así como una primera red social de indignados, pero en papel y con sello de goma.

Un año después, Amnistía Internacional ya había enviado delegaciones a 4 países y estaba trabajando en 210 casos.

Hoy la organización cumple 50 años, y comentar aquí los logros conseguido a lo largo de este medio siglo sería demasiado largo, pero os invito a echar un vistazo a la sección “Qué hemos conseguido” de su web.

“La vela no arde por nosotros, sino por todos aquellos que no conseguimos sacar de prisión, que fueron abatidos camino de prisión, que fueron torturados, secuestrados o víctimas de ‘desaparición’. Para eso es la vela”.

Peter Benenson

 

Artículo especial de El País en celebración de los 50 años de Amnistía Internacional: aquí

Artículo “Los Presos Olvidados”, germen del movimiento Amnistía Internacional: aqui

Web oficial de Amnistía Internacional en España: aqui

4 comentarios »

  1. Buenos dias.
    Excelente entrada, eso de las guerras no tiene justificación, además no puedo imaginar el frío sentimiento de los involucrados en soltar esas bombas, desde aquel que dió la orden hasta el que oprimió el botón para abrir la compuerta, no cabe duda que los humanos somos malvados por naturaleza, bueno, no todos. ¡QUE NO QUEDE EN EL OVIDO!
    Feliz dia

    Comentario por aslaram — 10 agosto, 2011 @ 6:51 | Responder

  2. OLVIDO SIIII
    OVIDO NOOOOOO, UFFFF

    Comentario por aslaram — 10 agosto, 2011 @ 6:52 | Responder

  3. Que te paaachaaaaaaa

    Comentario por Chus — 10 agosto, 2011 @ 15:02 | Responder

  4. Como dices, la segunda bomba era para dejar claro que no habría piedad. No se trataba tanto de acabar una cruel guerra como de dejar claro que había un país que iba a dominar el mundo a partir de aquel momento. Era un mensaje a Japón con repercusión para todo el resto.

    Nunca he entendido la broma sin sentido del nombre de las bombas. Me parece un insulto más, una prueba más de lo que ya sabemos.

    Bien por Amnistía, en estos 50 años ha demostrado que desgraciadamente ha sido útil. Ojala no la necesitáramos, sería lo mejor.

    Comentario por Tomàs — 11 agosto, 2011 @ 18:34 | Responder


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