Ya veremos…

17 marzo, 2011

Carlos Jose Ruiz, profesor de LSE (y mucho más)

Filed under: Cosas del dia a dia — Chus @ 11:34
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Parpadeaba de seguido mientras pensaba, cuando algo le sorprendía, o cuando trataba de contener la risa que nuestros torpes y exagerados balbuceos en la nueva lengua le ocasionaban, que debía ser muchas veces.

 Nos descubrió de una a una las palabras de una nueva lengua, nos sacó de las manos con paciencia la forma de una voz distinta, que se modelaba como arcilla en el aire. A mi me enganchó, y seguí aprendiendo. Hubo nuevos profesores, pero él fue mi primer profesor de lengua de signos, y siempre me sentí afortunada porque hubiera sido él, “el mejor”. Seguro que otros alumnos se enamoraron con otros profesores y piensan igual de los suyos… pero para mi desde entonces Carlos José fue siempre la imagen que se enciende en mi cabeza al evocar el concepto “profesor de lengua de signos”.

Si echamos cuentas, seremos sin exagerar miles ya los que aprendimos a imitar con las nuestras sus manos, a configurar conceptos, ejecutar clasificadores, enhebrar los movimientos para contar, hablar, narrar, comunicar… Muchas semillas sembradas, personas capaces de hacer de puente entre el mundo sonoro y el visual, de compartir y disfrutar ambas tierras. Y seguro que no sólo yo y mis amigas de entonces llevamos ese afán que él inició aún más allá, hasta la titulación de intérprete, a la investigación, la elaboración de materiales, la enseñanza…

Todos tenemos profesores que de un modo u otro nos marcaron, y que seguimos años después recordando con especial devoción por su dedicación, o por el cariño que nos inspiraron, o por lo que nos dieron durante el tiempo que pasamos bajo su tutela. Carlos le dio a esta adicta de las palabras un mundo entero de voces que se miran, ¿qué mejor regalo?.

No se lo dije nunca. Nunca lo hacemos. 

 

 

Hoy me uno al luto de la Comunidad Sorda, su familia, sus amigos, sus alumnos… Te lloramos en todas nuestras lenguas.

5 comentarios »

  1. Sin palabras.

    Comentario por Margarita — 17 marzo, 2011 @ 12:17 | Responder

  2. Pero este homenaje ha sido hermoso. Hizo lo más difícil instalarse en tu corazón y ese recuerdo que tienes de él.

    Y es cierto, todos hemos tenido un profesor que nos ha “enganchado”. Don Ángel se llamaba el mío, nos daba Geografía e Historia, a finales de los 60. Consiguió que amáramos la Historia, y supo aunar las dos asignaturas de tal manera, que hoy sigo agradecida, como te sucede a ti, a su paciencia, a su predisposición, a su ganas de enseñar.

    Mi cariño para la familia y para todos vosotros en el recuerdo de este gran hombre.

    Besos

    Comentario por Candela — 17 marzo, 2011 @ 18:55 | Responder

  3. Aunque yo no lo llegue a tener como profesor, si lo conoci en persona, una de las mejores personas que he conocido, y tristemente nunca tuve la oportunidad o la valentia de decirselo…

    Pero si sé de la gente que tuvo como alumnado, de la gente que con la que se rodeaba, todo eran buenas palabras hacia su persona.

    Una gran persona, a la que siempre recordaré.

    Comentario por Marga — 17 marzo, 2011 @ 19:52 | Responder

  4. Hola Chus.

    Me has hecho recordar una professora que de joven tuve en História del Arte, creo que es de la que mejor recuerdo guardo.

    Tienes razón, no lo decimos.

    Comentario por Tomàs — 17 marzo, 2011 @ 20:05 | Responder

  5. Qué bonito, Chus, y cuánta razón esconden tus palabras… Nunca decimos estas cosas, pocas veces expresamos nuestra admiración o afectos hasta que ya es tarde. Carlos José fue para mí, como tú dices, mi primer profesor de lengua de signos, nuestro profesor de aquellos maravillosos años. Más tarde se convirtió en mi mentor, creyó en mí y en mi capacidad de interpretar antes que yo misma, fue él el que me dio el empujón: “tú puedes…” Y pude, y le acompañé mil veces a interpretar sus ideas, sus convicciones, sus decisiones. Tan inteligente, tan claro, con esa mente, si podemos decirlo, maravillosa. Parpadeaba, como dices Chus, en ese gesto tan característico suyo, parpadeaba mientras pensaba, igual que una maquinita de la suerte, con el símbolo del dólar, pero en vez de monedas, él sacaba ideas, soluciones, propuestas, del brillo de sus ojos castaños. Quiero recordar también sus valores humanos, su lealtad a sus ideas, su defensa hacia las personas sordas menos capaces que él, el amor a su familia, a sus amigos, y sobre todo el amor a su lengua, a la lengua de signos. Creo que con la marcha de Carlos José nos hemos quedado un poco huérfanos, un poco perdidos, las naves sin rumbo, añorando aquellos tiempos de risas, de trabajo conjunto, de charlas intrascendentes, de chistes y anécdotas. Recuerdo su risa, una risa sorda, como él, que daba gusto escuchar. Le echaré de menos y le visitaré en un rinconcito en mi interior, reservado a los genios de a pie, a los visionarios sencillos, a las almas buenas y a los inspiradores. No recuerdo quié lo dijo pero quiero terminar con esta frase: “La labor de un maestro es eterna: nadie sabe dónde acabará su influencia”. Hasta siempre, profesor.

    Comentario por Noemi — 21 marzo, 2011 @ 18:51 | Responder


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