Ya veremos…

2 octubre, 2008

Explosion de vida

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 18:07
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Abrió el bote de las nueces y varias polillas emprendieron el vuelo desde su interior. Algunas quedaron dentro aleteando indecisas, pequeñitas y grises como cenizas con alas. Por supuesto, aquella noche la ensalada no llevó nueces.

Al día siguiente aún se tropezaba vuelos descoloridos frente a la cara mientras trajinaba en la cocina, aunque no está claro si serían los mismos insectos, tal vez los últimos rezagados en el desalojo de su nido de nueces, quizás algunos espabilados que se fugaron de la bolsa de basura de la noche anterior, o los que saltaron los primeros al abrirse el bote y se lanzaron a esconderse en los rincones de la cocina… o si es que esta explosión de vida estaba invadiendo otros rinconcitos de su hogar además de los tapper de frutos secos.

Llenó por si acaso armarios y cajones con pastillas antipolillas, no fuera a ser que las cenizas aladas andasen detrás de las palabras de sus libros o las costuras de los pijamas, y a falta de nueces acabaran mordisqueándole los sueños a la familia. Y al día siguiente, al salir del piso, dejaron de guardia una nube de insecticida que limpió de alas grises el espacio antes de su vuelta, amen de acabar con dos mosquitos, incontables ácaros y una pequeña araña que había empezado a tejer tras el cobijo del routter. Aunque ellos no supieron nada de estas bajas colaterales, sólo notaron que ya no había revoloteos grises en la cocina ni en ninguna otra parte aquel día a la hora de la cena.

Aunque para ser sinceros, por desagradable que sea pensar en esos bichos entre la comida, su repentino despliegue desde el bote de nueces, alzando aquel vuelo trémulo entre sus manos, la dejó más sorprendida que asqueada. Hasta tenía cierta gracia casi poética…

Lo peor fue descubrir aquel otro bichito un par de noches después, en otro tapper… Como si el más lucido y hermoso de los fideos hubiera cobrado vida, el bichito braceaba, -si tuvieran brazos los gusanos- en el encogido resto de fideos sobrantes de la temporada anterior, de antes de que el calor aparcara las sopas hasta noches más frías.

Hay quien dice que más fresco es cualquier gusano vivo que el trozo de pescado muerto que compras al pescadero, y que al fin y al cabo no son más que proteínas… Pero tiró los fideos, la sopa maravilla, la harina, el pan rallado y todo cuanto encontró abierto en los regazos despenseros de su cocina.

Aún así, por debajo de la aprensión que le provocaban los insectos, le rondaba inquieta y soterrada la duda. ¿De dónde habría surgido esa explosión de vida súbita en su hogar?

Pensó si hervir con detergente las albóndigas o darle anticonceptivos a la cocina.

Al final se ha hecho con un gorrión. Con la cesta de las cebollas le ha hecho un nido y lo tiene allí, en lo alto del frigorífico, para que se meriende a los ocupas.

 

   

P.D. Y es que yo, para proteínas, prefiero los filetes, y los gusanos los dejamos para el improbable día que tenga que ejercitar técnicas de supervivencia en montaña, y sólo bajo la premisa de que no sea posible de ninguna de las maneras hacerme en ese caso con un bote de fabada “la asturiana”.

 

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