Ya veremos…

15 diciembre, 2007

El Alma Que Me Desnudas

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 20:00
 
Fantarreales Cuentosías
 
 
Inspirado por un buen amigo con el que se podía llorar cuando hacía falta.
 
 
 
 

El  Alma  Que Me  Desnudas

 

 

 

E

 

l  Alma Que Me Desnudas  se desperezó y se asomó, sorprendida, a los ojos donde tú dices que me adivinas. No sabía si salir desnuda o con el traje de tu voz. Se agazapó en una nota y, palpándose para estar segura de ser quien era, te preguntó:

-“¿Cuándo me has tomado las medidas?”

 

El Alma Que Me Desnudas  no es mujer ni es niña, es un gato para andarse por las ramas y amagar huidas, pero aquella noche helada aceptó quedarse a la vera de tu fuego mientras a mí el whisky me ardía en la garganta.

-¿Me contestas?

Un gato abierto en sonrisas, pero parco en palabras, que se quemó torpe con mi lengua quemada para no dejarte sin respuestas.

El Alma Que Me Desnudas  se quitó el frío en voz baja y me arañó al intentar lanzarle un zarpazo a las estrellas. Yo tiritaba.

– Tú es que vives en otro mundo.

“Yo soy Peter Pan”, pensé, y unas caricias a contrapelo volvieron a El Alma Que Me Desnudas  a mi regazo, a enjugarse una lágrima diminuta.

-“Es él”, me susurró al oído -,le conozco; Le vi una noche que me escapé de tu boca.”

Luego El Alma Que Me Desnudas  se adormeció entre tu voz y sus nostalgias para soñar con cuentos y velas.

Cuando los dos vimos en el humo sombras de besos, El Alma Que Me Desnudas  se revolvió y se tragó el humo a bocados.

-“¡Quiero algo en que creer!”- exclamó tendiéndote un no que me arrancó de la garganta.

Y a  cambio de besos llenamos la noche de palabras.

 

 

A El Alma Que Me Desnudas  le sabes a encuentro y a fe. Le reavivas las cenizas del aliento y en su pecho el fuego roza su escéptica manera de entregarse. Yo le dejo que me vuelva de cristal, pues no te temo, aunque sé que este juego, desde el que El Alma Que Me Desnudas  te contempla con ternura, es extraño de jugar.

 

A mí, El Alma Que Me Desnudas  se me enfrenta en mi reflejo mostrándome los dientes y no sé si me sonríe o me amenaza.

-“¿Lo ves?”- me grita volando salvaje de su libertad a mi razón domada, tan pronto tigre como angora. -“¡Somos así!”

Y yo, que sé bien como soy, te oí decir:

– Somos iguales

Y no supe si echarme a temblar o si alegrarme.

 

El Alma Que Me Desnudas  es feliz de ser así. De ser, y punto. Pero es un punto largo, suspenso en dudas e indecisiones que me sé al dedillo y que rara vez tolera la estrechez de las verdades. El Alma Que Me Desnudas  suele quedarse a la sombra de mis silencios y se eriza si le violan los misterios, pero ahueca pronto ante ti sus luces y penumbras y se acomoda con facilidad a tus pasos.

 

A El Alma Que Me Desnudas  le gusta perder contigo el tiempo, pero no sé yo si tú, que tan profundo miras, no te harás daño en el fondo de mi pecho. O si a fuerza de tensarnos no nos caeremos los dos del tablero, y habrá aún menos en lo que creer.

 

 

 

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