Ya veremos…

13 noviembre, 2007

GATOS DE MIEL

Filed under: Fantareales cuentosias — Chus @ 8:52

Fantareales cuentosías

 

 

Tenía la piel hermosa, del color de la miel, y los ojos tan dorados como monedas nuevas, siempre atentos a cuanto ocurría desde el elevado refugio de su tejado. Pero un día desapareció, así, sin más, y el tejado se quedó vacío y solitario. No sé por qué aquel gato quiso esconderse en su cabeza aún después de ido, en su pobre cabeza, llena de agujeros y fantasmas; pero el caso es que mucho tiempo después, cuando ya era incapaz de recordar los viejos sueños, – quizás no quería recordarlos -, todavía pintaba gatos de miel, siempre encuadrados por las rejas de su ventana.

 

Es extraña la mente de un niño, como extraños son sus juegos sin reglas y las frases que sin sentido lanza al azar, porque sí, porque se le pasó por la cabeza y no quiso permitir que un agujero se tragara aquella idea, tal vez para siempre.

 

Yo también tuve, hace mucho tiempo, llena de agujeros la cabeza. Y hubo también para mí educadores y especialistas empeñados en ayudarme a ser normal. ¡Ser normal! Como si ser normal fuera la cosa más maravillosa que a un niño puede ocurrirle. Ahora lamento a menudo haber perdido aquel extraordinario don que Dios quiso poner en la cabeza de unos pocos afortunados: la capacidad de poder olvidar. Pero un día, de repente, cuando volvía a casa chorreando agua de lluvia, sin prisa, porque a mí la lluvia me ayudaba a lavarme el corazón, una idea molesta y acerada me fue creciendo,  tan deprisa, que apenas me dio tiempo a esconder un par de agujeros en lo más profundo de mi alma antes de que aquel concepto invasor lo ocupara todo. ¡Era mayor! Y un adulto no camina bajo la lluvia, debe correr en busca de un refugio donde pones a salvo, a salvo de todo lo que es hermoso y salvaje, su peinado y su ordenado mundo, lleno de leyes y convencionalismos. En realidad fue un terrible golpe tomar conciencia de mi olvidada edad, un golpe que me cortó la respiración y me dejó desvalida y confusa, recibiendo empujones en medio de una transitada calle.

 

Me encontré de pronto sola, por  primera vez perdida, sin mis sueños infantiles; Tan sencillos de entender como vivir sin preguntarse, ni buscar en los escombros tu persona. Era un súbito despertar, un desgarro, una herida, que me obligó a mirar hacia mi misma y descubrí que allí no estaba yo, si no una sombra. Y siendo sombra me lancé a vivir una vida que no estoy segura de que sea mía. Ser un ser vacío, de alma prestada, que refleja sentimientos percibidos en los rostros de otras sombras, que, tal vez, igual que yo estén fingiendo su propio drama. Somos todos… No  sé que somos; yo a veces lo soy todo, apasionada, conmovida, y otras veces soy la nada. Cuanto siento…, ¿me lo invento?

 

Tuve entonces que buscarme en el páramo vacío del que, hasta aquel día, me había protegido mi niñez. Tuve miedo, y aún lo tengo, de entenderme, de poder ver en mi espejo mi reflejo y decir, sin esconderme en dudas, así soy: soy esa de ahí enfrente que construye, piedra a piedra, lo que siente. He cruzado mil caminos, sólo quiero un lugar que sea mío, donde parar a descansar esta loca vida que me agota. Estoy harta de los ríos que no acaban. Me he llenado de silencios y de palabras; Llevo fiestas en la sangre, llevo besos y caricias, y fracasos, y semillas que no arraigan, y mentiras que no sé cuando inventé. Llevo tiempos que me ahogan y cariños que no entiendo, y dolor, y rabia, y ganas de ser otra; Ser un yo más fuerte, un yo limpio, que se mire frente a frente y que olvide.

Y esto duele, es más fácil ser la sombra, disfrazada de otra gente, un engaño que no sufre.

 

Sin embargo, por la noche, brotan de entre las sábanas las heridas y trepan por el disfraz, buscando en la máscara robada una fisura. De noche hablo a luna, busco con la mirada gatos, y recuerdo a mi pesar todas mis dudas, porque no he encontrado aún un agujero que de ellas me libere. Trato poco a poco de apaciguar las turbulencias que en mi pecho he abrigado al negarme tanto tiempo, al luchar conmigo misma y convertirme en mi enemiga. Y aún hay noches en las que pierdo la batalla y amanece un día negro, tan negro que no hay sombras. Una vida vacía me sube a la garganta, a los ojos, a la pluma, y se vierte en un papel como este entre huellas húmedas de rebeldía y pena, heridas viejas que se abren y llanto sin motivo, dejándome en la boca un sabor un tanto amargo y melancólico. He llegado a ese momento en el que pienso que no hay puertas, o, si las hay, tal vez me falten ansias y deseos de empujarlas. Me siento de corcho, empapada de nada, y deseo dejar de sentir, romper el día en mil pedazos… Y el momento se marchó para dar paso a una calma de resaca, dolorida, sorprendida de aún estar y temerosa.

 

Poco a poco me acomodo a la rutina de vivir sin gran esfuerzo, y permito que en mi mente las ideas se revuelvan y me ataquen porque sé, que aunque golpeen, soy arena en la que el puño no es capaz de dejar mella. Sin embargo me endurezco día a día otra vez, y estallo en mil pedazos una tarde, cuando siento que el alcohol me está ganando la partida, que viene el sueño, que estoy cansada. Me siento a contemplar mi decadencia, el final de un alma mía que tal vez me quede grande. Un alma ajena, que cae y que sabe que la miro.

 

Ajena… ¡mía! Que es tan mía como mías las ideas que la empujan hacia un parque. Estoy huyendo, sacudiéndome las brumas, pero llevo el sueño dentro y enterrarle… No hay bastante tierra en este parque para enterrar mis sueños, ni hay agujeros que se los traguen.

 

 

 

 

 

 

Llueve. Siempre ha sido así, siempre ha llovido en momentos como éste. El agua cae sobre mi piel, me lava el rostro, me lava el alma y el llanto, encierra el mundo tras su cortina y canta, batiendo la tierra con dulce nana de agujas frías. Me refugio en la lluvia y me empapo mientras pienso en esta vida a la que tantas veces me propuse poner fin y no lo hice, por falta de coraje, o de voluntad tal vez. Y no es que quisiera morir, sólo que el deseo de soñar era tan grande… Nada importa, ¿para qué entonces despertar?. Enfrentarme a más fracasos, al dolor, la soledad, y a ese temor ambiguo de encontrar un día arrestos para romperme, abrirme, morderme las venas. Y, entonces, que la lluvia lave mi sangre, lave el vacío que de mi interior brote con ella, la impotencia que la mancha, la inutilidad de un día, y otro, y otro, y el siguiente… Y dormir bañada en agua y sangre tibia, sabia, palpitante, como retornando a un vientre donde el tiempo ya no es tiempo, sólo sueños, y tinieblas de ropajes de inconsciencia, para siempre.

 

 

Echo en falta al niño que no quise, aquel que dejé encerrado tras sus rejas, en las manos eficientes de doctores y maestros. Me pregunto si aún no es tarde, si seguirá pintando gatos de miel, si puedo rescatarle antes de que hagan de él otro yo de barro y le roben su corazón vacío. Sé que le traiciono, y le condeno a ser maduro y a enfrentarse a la cordura. Soy mi niño, me han crecido, y me ahogo en un aire mil veces respirado. La tarde me está ahogando, enfermo de ganas de no vivir, y recuerdo que hubo un tiempo en el que todo era más fácil.

 

Pero al final tiendo la mano y me sujeto. Soy un Ser, y un delirio de utopía me rescata de mi misma.

Sigo aquí, estoy sintiendo. He vencido.

 

delirio:

"La Utopía, una explosión de sentimientos; Y llevar dentro de mi cientos de años, todos los tiempos… Siendo yo cuanto acontece, y mis sueños, y tus sueños, y los sueños, y la nada, y el silencio, y las voces. Siendo sólo un universo y escribiendo sin sentido, con la lógica hecha jirones, hecha nubes, hecha rabia; Dando golpes con el puño. Se me mete por los ojos y la boca todo un mundo y convergen hacia mí todas las cosas. Mi yo estalla; mi piel, rota, se abre en pétalos y abraza. Y mis manos, que no tocan; y mis fuerzas, que se agotan; y mi vida, que no siento… Siento todo y soy otra, nueva, llena, que no quiere, que no puede, no desea, no precisa. Soy un alma casi autista que en su yo encerró la vida, y nada vive: Yo soy vida. Un instante, y la rutina.

Son las cosas ahora cosas, indolentes, inamovibles, con colores y con formas, con un tacto que mis dedos reconocen, que acarician con sus curvas y que clavan al espacio definido sus aristas, sólo cosas. Y la gente es ahora gente, y hay paredes, y no hay nada que porque yo éxito exista. Y estoy sola. Y estoy viva. Estoy viva."

 

 

 


Me temo. ¿Y si soy verdad?… No puedo serlo: debo de estar mintiendo…

… ¿ Y si soy verdad?

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